Opinión

Si distorsionan la historia… la historia los condenará

 Salvador Calderón Alférez

Salvador Calderón Alférez

Médico, graduado de la Facultad de Medicina, Universidad Nacional de El Salvador. Maestría en Ultrasonografía Obstétrica de Alto Riesgo, Universidad de Nottingham, Reino Unido. Miembro del Registro Americano de Ultrasonografía Médica diagnóstica (ARDMS). Miembro de la sociedad “Sonography Canada”, Canadá. Ex Decano de la Facultad Multidisciplinaria Paracentral (Universidad de El Salvador). Ex Director Ejecutivo de FUNDASIDA, El Salvador. Técnico Ultrasonografista Hospital Regional Rio Grande, Texas y Clínicas de diagnóstico médico sonográfico de Canadá.

La mal intencionada distorsión histórica de asumir que las luchas populares surgen por voluntad de “comunistas” o “terroristas” y no por inequidades e injusticias masivas económicas y sociales, los hace optar por “justificar” masacres y persecución política permanente a cambio de impulsar reformas socioeconómicas radicales.

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Por Salvador Calderón Alférez* 

Uno de los aspectos considerados fundamentales para la elaboración de una estrategia acertada es la evaluación objetiva de la historia como instrumento que nos permita ver y evaluar errores y aciertos en el pasado y hacer las correcciones para proyecciones del futuro.

El mundo atraviesa en nuestro tiempo por una crisis de poder de los tradicionales imperios coloniales. Existe una negativa insolente y perversa de los capitalistas, y actualmente de los neoliberales, para ver que su proyecto “democrático” tan exitoso en sus naciones imperiales, no solo por dos siglos ha fracasado como alternativa de desarrollo y bienestar social en los países subdesarrollados, sino que además, se perfila como un catastrófico fracaso hacia el futuro. La relación de dependencia norte-sur, no solo es eso, sino también una relación de subyugación y saqueo despiadado de las materias primas y de injustas y a veces humillantes relaciones comerciales. Los poderes imperiales, ciegos en su insaciable sed de ganancias desmedidas continúan apostándole a las oligarquías arcaicas con conceptos aun semifeudales de dominación, se niegan a ver objetivamente los resultados de los últimos dos siglos con un fracaso total como opción de desarrollo de sus modelos de “democracias” capitalistas. Más de 100 años de dictaduras militares con decenas de miles de asesinados en Latinoamérica no solo han fracasado como políticas de desarrollo sino que además han profundizado la calamidad socio-económica.

La mal intencionada distorsión histórica de asumir que las luchas populares surgen por voluntad de “comunistas” o “terroristas” y no por inequidades e injusticias masivas económicas y sociales, los hace optar por “justificar” masacres y persecución política permanente a cambio de impulsar reformas socioeconómicas radicales.

Pero la decadencia de los epicentros neoliberales comienza a manifestarse más acentuadamente aun en sus propias naciones con un aumento de pobreza, de población viviendo en las calles o bajo los puentes y en las estaciones de los trenes subterráneos, etc. En estas naciones también crece el movimiento neo-fascista que  además de su concepto del predominio de la raza aria, uno de sus pilares es la negación del papel crucial que jugó la Unión Soviética en la derrota de los nazis. El resentimiento hacia Rusia los lleva al error de querer borrar del mapa o distorsionar profundamente ese hecho histórico objetivo.

En nuestros días, en nuestro país El Salvador, vemos una conducta parecida encabezada por el presidente Bukele y repetida constantemente por su séquito obviamente no pensante. 

El presidente Bukele afirmó que “la guerra y los Acuerdos de Paz fueron una farsa”. Posteriormente ha reafirmado que la Guerra en El Salvador fue un acuerdo fratricida entre el FMLN y la dictadura oligárquicomilitar de la época.

Esa distorsión grotesca de la historia reciente de nuestro país por resentimientos a la “oposición” y por razones egocentristas (la historia de El Salvador empieza y termina conmigo), obliga a sus estrategas a actuar con parámetros falsos, elaborando artificios meramente justificativos para sus estrategias.

Esa interpretación errónea de la historia hizo ya desperdiciar oportunidades en las Naciones Unidas para llevar a ese foro la denuncia de las causas de nuestro subdesarrollo, de nuestros niveles de delincuencia, de la emigración masiva y constante de la población empobrecida hacia los países imperiales. 

Desperdiciamos dicha oportunidad y pretendimos dar cátedra de la utilización de los medios digitales de comunicación a quienes han creado, desarrollado, y no solo son propietarios sino que controlan y manipulan a su antojo y conveniencia dichos medios. Hasta el punto de llegar el presidente Bukele al ridículo de tomarse una selfie en el podio de las Naciones Unidas. Me gustaría ver la reacción de Tim Cook y Mark Zuckerberg por la propaganda gratis para sus medios. 

Dentro de esa “brillante óptica” de interpretación del conflicto armado en El Salvador, el asesinato de los jesuitas, de los sacerdotes católicos, de dirigentes populares, y de San Óscar Arnulfo Romero, fueron pactos fratricidas entre sectores de la iglesia, de los sindicatos, de las universidades, las comunidades urbanas y rurales, de los colegios de secundaria, de los maestros, quienes “llegaron a dar un abrazo fraterno” a los oligarcas, sus sirvientes jefes militares y sus escuadrones de la muerte para que fueran a reprimir y asesinar a miembros de sus comunidades respectivas.

Dentro de esa óptica también, las recientes masacres en Chile, Colombia y Bolivia, serían pactos fratricidas de los dirigente populares con los gobiernos dictatoriales.

Reitero que existe un factor común de esta óptica con los neo-nazis especialmente de Europa Oriental donde su odio a Rusia por acontecimientos históricos objetivos los lleva a la distorsión subjetiva del papel de la Unión Soviética en la derrota del Fascismo. En nuestro país, el odio hacia elementos de otros partidos conlleva a Bukele y sus funcionarios, a distorsionar la objetividad de las causas de la guerra. Ello implica negar las causas económicas, sociales y políticas del conflicto; por lo que, sus inferencias para elaboraciones políticas serán (y ya se está observando) inadecuadas. Una visión similar ocurrió con la desastrosa política exterior de los Estados Unidos, dominada por la secretaria de Estado, Hillary Clinton, quien prácticamente “dobló el brazo” a Barack Obama para que, en el caso de Centroamérica, orquestaran el golpe militar al presidente legítimo de Honduras, Manuel Zelaya, en junio del 2009.  Meses después las marchas de miles de inmigrantes mayoritariamente hondureños hacia los Estados Unidos, constituyó una bofetada a la mejilla de los promotores del golpe, poniendo en evidencia  el fracaso de sus políticas erróneas pero conscientemente convenientes.

En el mismo sentido, he escuchado repetidamente que durante la Guerra, el FMLN fue ANTICOMUNISTA, afirmación intencionadamente deformada. ¿Cómo podría una organización admitir a otra considerada contraria a sus principios?  

La objetividad es que las otras cuatro organizaciones eran ANTI-PARTIDO COMUNISTA, lo cual es totalmente diferente a ser anticomunista. Esa afirmación intencionalmente distorsionada contrasta incluso con la historia objetiva del origen de las organizaciones del FMLN, entre las que se encontraba las FPL (Fuerzas Populares de Liberación) formada en 1970, con miembros del partido comunista que se separaron de ėste, debido a sus políticas de alianza con sectores antipopulares y cansados de participar en elecciones fraudulentas y la constante y creciente persecución y represión de las organizaciones populares. Estos dirigentes iniciales decidieron dar al pueblo una alternativa de lucha armada a la dictadura. El Partido Comunista no concebía la lucha armada, sino continuar con la lucha política electoral y gremial a pesar de existir una exclusión total de participación opositora.

Es precisamente ese concepto de alianzas oportunistas lo que ha predominado en el FMLN pos-acuerdos de Paz y que ha conducido no solo a entregar en bandeja de plata la presidencia del país a un déspota, sino también a la catástrofe del FMLN. Fueron también elementos del partido comunista quienes fundamentalmente diseñaron la reforma de la Ley Orgánica de la Universidad de El Salvador quitándole el protagonismo fiscalizador al movimiento estudiantil y prácticamente reduciéndolo a su nulidad. En definitiva, la debacle política actual de la izquierda, no es más que la culminación de las políticas por las cuales las otras cuatro organizaciones del FMLN fueron anti-partido comunista en los años 70 y 80, y reafirma la certeza de la posición divergente a dicho partido en los años previos a los Acuerdos de Paz.  Es lamentable que algunos dirigentes de las otras organizaciones se dejaron arrastrar hacia el abismo.

Estos dirigentes oportunistas, no se conforman con el servicio brindado a los intereses oligárquicos (arcaicos y/o reformistas), sino que además han secuestrado la dirección del FMLN y pareciera que su estrategia es similar a la de Mikhail Gorbachev, quien le dio el tiro de gracia a la Unión Soviética frente a su incompetencia para depurar y limpiar su corrupción. 

En esto también interpretan el momento histórico deformadamente y enfilan sus justificaciones viendo el momento de cerrar el paso a elementos nuevos y maniobrar para apoderarse de la dirección del partido. La gran estrategia es “o yo o nadie”. Quienes se han apoderado de la dirigencia pretenden dar el tiro de gracia al FMLN antes que darle la oportunidad a otros líderes para poder recuperar sus fundamentos popular-revolucionarios. Su política de contubernio de “dime que te diré” y “dame que te daré” con la derecha de espaldas a los sectores populares ha conducido a las consecuencias que estamos presenciando.

Las interpretaciones erróneas o distorsionadas de la realidad histórica siempre serán premisas para conclusiones equivocadas.

El pueblo de El Salvador históricamente ha demostrado capacidad protagónica una y otra vez en los más de 100 años de dominio oligárquico-militar y estoy seguro que sabrá identificar y purgar a quienes desastrosamente condujeron al abismo un movimiento popular-revolucionario construido con tanto sacrificio y, repito, sirvieron en bandeja de plata el poder al régimen despótico actual.

Aunque no comparto la ideología del PDC, es de respetar que, aparentemente, han tenido el valor de purgar a quienes los condujeron a un desastre. No debió haber sido el PDC el que diera una lección al FMLN, sino al contrario. Y aunque lo más digno sería que los responsables de la conducción desastrosa del FMLN pos-acuerdos de paz, mantuvieran sus laureles como ex-comandantes durante la Guerra y renunciaran dignamente con una severa y constructiva autocrítica, igualmente digno será, ante esa negativa,  que las bases del FMLN de una vez por todas los erradiquen de la dirigencia.

Grandes hombres se jugaron el pellejo en la historia, (Nelson Mandela, Salvador Allende, entre otros) todos ellos realizaron una interpretación objetiva de la historia y la historia los absolvió.  En los casos antes mencionados es obvia la distorsión de los hechos históricos objetivos y la historia los condenará. 

La consciente miopía histórica con fines propagandísticos de Bukele no debe hacer de sus seguidores, especialmente gente del FMLN que por frustración decidió apoyarlo, ciegamente doblegarse ante sus políticas. La negación de la historia conllevará a subestimar las reacciones populares. En los años 1970 y 1980, los muertos aparecían por centenares en las calles, en los ríos, en los botaderos de basura, en los caminos rurales. El sol no se puede tapar con un dedo. Por cada muerto, por cada desaparecido, por cada encarcelado, por cada exiliado, por cada perseguido, por cada descuartizado con intención de aterrorizar, el efecto fue opuesto a los fines del régimen, el torrente organizativo popular crecía exponencialmente. Si Bukele cree que su demagogia y su megalómana sed de despilfarro a expensas del sudor del pueblo podrán amortiguar el impacto de la represión encubierta, está viendo la experiencia de las guerras previas en El Salvador con una lógica de “Alicia en el País de las Maravillas”

A las bases y simpatizantes del FMLN, no hay duda de que el movimiento popular-revolucionario tendrá que recuperarse. Para ello debe desparasitarse, recobrar su salud y recuperar lenta pero seguramente el espacio perdido.  Un gobierno de derecha impulsado por los Estados Unidos y la oligarquía arcaica del país, no resolverá en absoluto los graves problemas socio-económicos del pueblo y ya tuvimos la frustrada experiencia de un gobierno con la participación de la dirigencia actual del FMLN.  Es necesario cuidar nuestras posturas pues, sin poner en duda la necesidad de luchar por terminar con la autocracia despótica actual,  debemos ser realistas para no profundizar nuestra frustración con los eventos políticos venideros. La izquierda debe tener la visión más allá de un cambio de gobierno y mantener una plataforma estratégica de reformas socioeconómicas y políticas de carácter popular.

Salvador Calderón Alférez

Salvador Calderón Alférez

Médico, graduado de la Facultad de Medicina, Universidad Nacional de El Salvador. Maestría en Ultrasonografía Obstétrica de Alto Riesgo, Universidad de Nottingham, Reino Unido. Miembro del Registro Americano de Ultrasonografía Médica diagnóstica (ARDMS). Miembro de la sociedad “Sonography Canada”, Canadá. Ex Decano de la Facultad Multidisciplinaria Paracentral (Universidad de El Salvador). Ex Director Ejecutivo de FUNDASIDA, El Salvador. Técnico Ultrasonografista Hospital Regional Rio Grande, Texas y Clínicas de diagnóstico médico sonográfico de Canadá.

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