Opinión

Los muertos, el periodista y todo lo demás

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Mauricio Maravilla

Es Licenciado en Ciencias Jurídicas por la Universidad de El Salvador, ha sido moderador de entrevistas en programas de televisión y actualmente es conductor del programa «San Romero: La Iglesia y el país», en YSUCA.

El Salvador de hoy es el mismo de las últimas décadas, aunque a la gris realidad el gobierno actual le quiera poner luces neón de color azul. Hay quienes dicen que El Salvador es una fosa clandestina con himno nacional y parece que todos estamos de acuerdo con eso. Esos cementerios clandestinos son la siembra más triste del país dice Óscar Martínez en su libro.

Por Mauricio Maravilla* 

Óscar Martínez es periodista en una región muy jodida para serlo. Es Centroamérica. La zona del mundo donde países vecinos son gobernados por hombres como Daniel Ortega, Juan Orlando Hernández, Nayib Bukele y un tal señor Giammattei. Esta es una región que no puede presumir de ser muy democrática y, por tanto, tampoco de ser respetuosa de la labor de los periodistas. Tampoco puede presumir de que garantiza derechos fundamentales para sus ciudadanos, por eso muchos de éstos huyen hacia el norte del continente. Las similitudes de estos países son los asesinatos, dice el periodista, además de la pobreza, las pandillas y la migración. 

Algunos de los libros publicados por Óscar han sido dedicados a estos temas y su más reciente trabajo, titulado Los muertos y el periodista (Anagrama), dice él que le salió como una vomitada. Yo habría pensado que escribir un libro, aunque sea sobre temas dolorosos, es algo que presumir a todo el mundo. Pero nadie presume una vomitada, solo Óscar. Y lo advierte desde el principio.

Roque, el poeta, estaría diciendo que seguimos naciendo medio muertos. Óscar, el periodista, solo se limita a decir que en su libro hay muertos. Punto. Como si el título no lo sugiriera suficiente. De todos modos, con libros o sin libros sobre el asunto, muertos abundan en este pedazo de tierra.  

Óscar, el santo, diría que nada importa tanto como la vida humana. Óscar, el periodista, reniega en su libro porque nada importa tan poco en este país como la vida humana. Óscar, el santo, diría que “las violencias seguirán cambiando de nombre, pero habrá siempre violencia mientras no se cambie la raíz de dónde están brotando todas esas cosas tan horrorosas de nuestro ambiente”. Y Óscar, el periodista, está de acuerdo.  

Los muertos y el periodista es un libro completo, es un libro-fotografía de la realidad del país en temas de violencia. Pero también es un libro con lecciones éticas sobre el periodismo, sin formulitas rebuscadas. Es un constante viaje a realidades dolorosas que cruzan la vida de miles de personas en El Salvador y en ese viaje Óscar invita -más bien obliga- al lector a dejarse tocar por situaciones tan normalizadas en nuestro ambiente. Rudi y sus hermanos, Consuelo y su familia, Fredys y su cinismo, los migrantes y sus desventuras, son cualquier salvadoreño, tan nuestros, tan nosotros. 

He entrevistado a Óscar en dos ocasiones, la primera después de un incidente mientras volvían con uno de sus colegas desde el occidente del país, trabajando para su investigación sobre el Cartel de Texis, fue una entrevista para una radio –en la que inicié mi recorrido por los medios hace nueve años– y la segunda, para el último programa que conduje en televisión, con cobertura a la campaña electoral 2020-2021, y fue el mismísimo día en el que El Faro publicó que el Gobierno de Bukele llevaba un año negociando con la MS-13 reducción de homicidios y apoyo electoral, tal cual fue el título de esa nota.  

Muchas veces durante la lectura de un libro uno se pregunta cómo sería una conversación con quien lo escribió. Bueno, tuve dos entrevistas con Óscar y la tercera vez que conversamos fue en ocasión de la celebración del cumpleaños de su mamá, mi compañera de radio todos los sábados en un programa donde hablamos de Óscar el santo, San Romero de América. En esa velada estaban sus hermanos y amigos, entre ellos Roberto Valencia, otro periodista de esos que son buenos en toda la extensión de la palabra. A Roberto le debo mis comentarios sobre su Carta desde Zacatraz, otro de esos libros que son buenos en toda la extensión de la palabra. La velada también dio tiempo para que Óscar, el periodista, me contara sobre los muertos de los que va el libro. En esos días yo ya había iniciado la lectura.

Habló de otros recuerdos que no aparecen en el libro, hablamos de los retos del periodismo en la hora actual que vive El Salvador y los temores de los periodistas, temores que, aunque no son pocos, no los detienen. Los periodistas tienen un poder, dirá Óscar en su libro, un podercito que a veces usan bien. Es crítico con su gremio, es autocrítico. 

El Salvador de hoy es el mismo de las últimas décadas, aunque a la gris realidad el gobierno actual le quiera poner luces neón de color azul. Hay quienes dicen que El Salvador es una fosa clandestina con himno nacional y parece que todos estamos de acuerdo con eso. Esos cementerios clandestinos son la siembra más triste del país dice Óscar en su libro. 

El libro responde muchas cosas, pero también deja muchas preguntas retadoras. Ojalá Óscar y sus colegas nombrados en su libro sigan haciendo lo de siempre: periodismo. Para que cambiar la realidad siga siendo la utopía y porque, a pesar de las verdades oficiales (que suelen ser una mentira con corbata, como dice el periodista en su libro), es necesario reafirmar que aquí hay muertos, pero que también hay periodistas que seguirán contando y explicando la realidad. Punto.

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Es Licenciado en Ciencias Jurídicas por la Universidad de El Salvador, ha sido moderador de entrevistas en programas de televisión y actualmente es conductor del programa «San Romero: La Iglesia y el país», en YSUCA.

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