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A Gloria le arrebataron todo con la captura de su hijo universitario

El 24 de abril, Marvin Ramos fue capturado arbitrariamente en Santa Ana. Los policías, fieles a las disposiciones del gobierno, no indagaron quién es Marvin. Lo arrestaron a pesar de que nunca ha sido miembro de pandillas y, al contrario, es un universitario becado que ha tenido amplia formación en escuelas políticas y de derechos humanos. Además, es el único sostén de su madre Gloria, quien está gravemente enferma. Cuando Marvin explicó que no podía dejar a su madre sola, los policías se burlaron. Tras su captura, Gloria tiene incertidumbre de qué pasará con su hijo, pero también de qué pasará con ella sin todo el apoyo que significaba Marvin en su vida.

Por Mario Beltrán

Por Mario Beltrán

El silencio y la soledad de Gloria Marina López, de 64 años, es lo único que contienen los tablones de madera y láminas que le sirven como su vivienda, en la comunidad Gerardo Barrios de Santa Ana, al occidente de la capital salvadoreña. Todas las tardes, desde el pasado 24 de abril, Gloria se sienta en una silla de hierro, con respaldo de hules rojos desteñidos, y alza su mirada al horizonte, como esperando un milagro o al menos noticias de su hijo Marvin Alexander Ramos, de 29 años, quien fue capturado arbitrariamente en medio de las redadas por el régimen de excepción que el gobierno de Nayib Bukele ha implementado como su estrategia para hacer la “guerra” a las pandillas. 

Marvin no es pandillero ni nunca ha estado involucrado en algún crimen, pero eso no importó a los policías que lo capturaron. No indagaron que Marvin es actualmente un estudiante becado en la Universidad Luterana Salvadoreña (ULS), según consta en los registros de esa institución, donde cursa la carrera de Trabajo Social; también es alguien que se dedica a hacer trabajos varios como repellar una pared por aquí y pintar otra por allá o tomar fotos en bautizos, cumpleaños y otros eventos. Con el pago de esos trabajos, logra sostener económicamente a su madre y comprarle medicinas. Aunque suele ocurrir que hay meses cuando ambos tienen que conformarse con lo poco que Marvin puede conseguir para sobrevivir. En su hoja de vida, destaca que Marvin fue estudiante de la Escuela de Formación Política y Ciudadana de la Universidad Centroamericana UCA  y que estuvo en los procesos de formación en derechos humanos del Museo de la Palabra y la Imagen (MUPI) desde 2011. Asimismo, participó en un encuentro de cine en Costa Rica, pues según su madre, tiene habilidades y afición por la producción audiovisual.

El domingo 24 de abril, cuando Marvin fue capturado, estaba en la casa de su novia, cerca de su vivienda. Había ido, según dejó dicho a su madre, en busca de alguien que le había prometido prestarle una computadora y un celular con acceso a internet que le serviría para conectarse a sus clases en línea. Susana Coto, una de sus compañeras universitarias, recuerda que cuatro días antes, Marvin le dijo a su grupo de compañeros que quizá no iba a poder seguir estudiando porque su madre estaba muy enferma y porque no le alcanzaba el dinero para continuar en la universidad y al mismo tiempo comprar las medicinas. Su situación era tan paupérrima que ni siquiera tenía una computadora ni un celular inteligente con acceso a internet. Para animarlo, sus compañeros cooperaron para comprarle un celular con el que pudiera conectarse a las clases, pero no lograron contactarlo a tiempo. La noticia de su captura los sorprendió antes de que pudieran entregarle el teléfono.

“Él, de la casa se iba para la universidad, pero no andaba en cosas malas. Si lo único es que se fue porque le iban a prestar una computadora, que ahora está en manos de la muchacha que supuestamente dice que es novia de Marvin. Él llegó a la casa donde ella y fue ese día cuando los policías llegaron, se llevaron al hermano de ella y como ahí estaba Marvin también se fue en la colada”, relató Gloria a GatoEncerrado, para explicar lo poco que sabe sobre la captura de su hijo.

Alguien le contó, escuetamente, que al momento de la captura, Marvin rogó a los policías que no lo arrestaran para que pudiera seguir cuidando a su madre, gravemente enferma. Pero la respuesta burlesca de los policías fue: “¿Qué? ¿Querés que te busquemos un doctor o qué?”, y luego se lo llevaron.

Gloria es diabética y tiene dificultades en su visión y riñones. De hecho, mientras platicaba con esta revista, pasó todo el rato sobando constantemente su rodilla izquierda. Describió que sus dolores no le permiten ni siquiera caminar para ir por información sobre su hijo. Uno de los dolores más insoportables con los que tiene que lidiar diariamente es el que le provoca la luxación de su rodilla; es decir, la separación de sus huesos. Los doctores le han dicho que su diagnóstico es particularmente difícil, por lo que debe seguir un tratamiento y una operación urgente que podría complicarse por la diabetes.

“Tengo la rodilla desviada y ese es el tratamiento que tengo. El otro mes verán si me operan. Pero, a ver qué tal, porque a mi hijo le dijeron que me van a operar y si no aguanto la anestesia, ahí me voy a quedar”, detalla Gloria, quien está resuelta a operarse a pesar de los riesgos.

Gloria Marina López asegura que la captura de su hijo Marvin ha sido injusta. Foto/Mario Beltrán

La captura de Marvin también trajo otra dificultad innecesaria para Gloria. Sus recetas médicas y su Documento Único de Identidad (DUI) quedaron en la casa de la novia de Marvin: “Yo he perdido unas citas porque esa muchachita tenía mi DUI y mis recetas. Ahora que tengo otra vez mi documento puedo ir a una cita para mi vista y mi vecina me va a llevar”, explica, como quien ve en su vecina Cristina a un ángel de la guarda, en medio del caos que le está tocando vivir. 

Mientras los días pasan, Gloria sobrelleva sus mañanas lavando la ropa sucia que dejó Marvin, cocinando arroz y frijoles para que no le falte la comida que le han donado su vecina Cristina y una organización no gubernamental que se enteró de su situación. 

Trata de estar ocupada para no pensar demasiado en la captura de su hijo y lo peor es que, aún si pudiera caminar sin dolor, tampoco podría ir al penal a conseguir algo de información, porque para eso tendría que gastar dinero que no tiene a su disposición. Por si eso fuera poco, también necesita $10 para ir a pasar consulta al Hospital Nacional de Santa Ana. Ahora, sin su hijo, ya no tiene quien le ayude ni siquiera a subirse en los autobuses y hacer las diligencias necesarias para ser atendida. Excepto su vecina Cristina, quien es la única que intenta ayudarle en los momentos en que puede, para no descuidar a su propia familia.

Para ayudar a Gloria, fue su vecina Cristina quien tomó la iniciativa de ir a buscar información sobre Marvin. Pero no solo eso, sino que destinó parte de su presupuesto familiar para pagarle algunos tiempos de comida a Marvin. 

“Lo hago porque Marvin no anda metido en cosas malas, es un muchacho trabajador. Fui a la Procuraduría (General de la República) al día siguiente, porque ponen los listados (de los detenidos). Anduvimos viendo, queriendo pedir información, porque no aparecía en los listados. Nos fuimos al 911 de Santa Ana y sí aparecía en esos listados”, relató Cristina.

Cristina, la vecina de Gloria y Marvin, es la única que ayuda a Gloria y busca información sobre Marvin. Foto/Mario Beltrán.

El lunes 26 de abril, Cristina recuerda que esperó todo el día la posibilidad de una liberación o al menos saber a dónde lo iban a trasladar. Pasadas las 5:00 de la tarde, logró ver a Marvin. Iba saliendo de las bartolinas sin camisa y en yinas, escoltado por policías y esposado hacia un vehículo de traslado de reos. No olvida que levantó la cabeza para observar si entre la muchedumbre encontraba alguna cara conocida. Cuando logró ver a Cristina, dijo algo que no se logró escuchar, pero que Cristina afirma que “penal de Izalco”. Eso le generó confusión, porque unos agentes de Policía Nacional Civil (PNC) le informaron que esos detenidos iban hacia el Penal La Esperanza, mejor conocido “Mariona”, en San Salvador.

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A pesar de los llamados de atención que el gobierno ha recibido por este caso, como por el de otras decenas de personas que han sido capturadas arbitrariamente, el presidente Nayib Bukele y sus funcionarios siguen en su cruzada de capturar primero y preguntar después. 

Organismos que defienden derechos humanos a escala nacional e internacional como Amnistía Internacional, Human Rigths Watch y Cristosal han señalado y documentado casos de arbitrariedades y también han solicitado al presidente Bukele que cesen las capturas injustificadas e ilegales. 

Bukele, quien es fiel a su estilo de burlarse de los análisis jurídicos y señalar un falso conflicto entre los derechos humanos y la justicia, ha menospreciado esos llamados de atención de los organismos que defienden los derechos humanos. En su lugar, se ha jactado de haber capturado, al menos hasta el cierre de esta nota, casi 30,000 salvadoreños a los que sin haber vencido en juicios justos ya condena como “terroristas” que merecen pasar el resto de sus vidas en la cárcel.

Un abogado experto en la defensa de los derechos humanos, quien pidió a GatoEncerrado el anonimato para evitar ser señalado de “defender terroristas”, sostiene que capturar a jóvenes inocentes o que han demostrado no tener vínculos con pandillas, es un retroceso en derechos de juventudes.

“Me parece muy grave y significa un retroceso a las juventudes porque justamente son las juventudes las que van a desarrollar el país, y si existen estas graves violaciones de derechos humanos, lo más elocuente de esta situación es un retroceso en los derechos de las juventudes en El Salvador”, expuso.

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Para dar seguimiento al caso de Marvin, Cristina logró comunicarse con la defensora pública que lleva el caso, y del de cientos de detenidos más. Esa defensora le explicó que la audiencia inicial fue el viernes 6 de mayo, pero que ni ella como defensora había sido notificada de la resolución.

Así que al cierre de esta nota, Gloria, Cristina y los compañeros de Marvin aún siguen a la espera. Gloria, por su lado, ni siquiera quiere tocar las cosas que Marvin ha dejado en su habitación, sobre los pisos de tierra. Quiere que encuentre todo, así como lo dejó: sus desodorantes ordenados en una mesita, su mochila, sus trabajos de la universidad, su ropa, sus zapatos y su cama.

Mientras tanto, Gloria depende únicamente de la bondad de Cristina y de organizaciones que ya le llevaron algo de comer, pero que no sabe si regresarán otra vez hasta que Marvin vuelva. En el caso de que vuelva, porque las autoridades parece que no están dispuestas a reconocer que han capturado a personas inocentes.

Esta es una silla de ruedas que Gloria utilizaba para desplazarse con facilidad por su problema en la rodilla, pero se arruinó. Foto/Mario Beltrán

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