El desprecio de cada día afuera de Cárcel de Mujeres

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Emerson Flores

Emerson Flores

Todos los días, incluso en domingo, decenas de personas se concentran afuera del Centro Preventivo y de Cumplimiento de Penas para Mujeres de Ilopango, mejor conocido como Cárcel de Mujeres, para pedir un poco de información sobre sus familiares que han sido detenidas en medio del régimen de excepción, que entró en vigencia desde el 27 de marzo. Desde ese día, la Policía Nacional Civil (PNC) y la Fuerza Armada de El Salvador han capturado a más de 32,000 personas, a las que acusa de ser parte de pandillas. Entre esas capturas, la Fundación Cristosal ha registrado 555 casos de violaciones a los derechos humanos hasta el pasado 19 de mayo. El 87.7 % de esas denuncias son por detenciones arbitrarias. 

Después de esas capturas, los familiares de las detenidas acuden al penal para encontrar algo de información y también para esperar la oportunidad de ingresar paquetes con víveres, ropa y colchonetas. Hay días cuando las filas son tan largas que es necesario regresar al día siguiente para repetir la jornada bajo las constantes amenazas e insultos de los policías y del personal del penal.

Algunas de las personas que llegan todos los días afuera del penal se quejan de que los policías las amenazan con dejar de dar información y dejar de recibir los paquetes por el simple hecho de llegar y pedir información, por no hacer fila, por tomar fotos, por aglomerarse, por no apartarse rápido de las láminas que cubren la fachada del penal, por insistir en obtener información sobre la situación de sus familiares…

Algunas madres de familia, hermanas o hijas, que viajan en la madrugada desde el interior del país para estar temprano en el penal, a veces lloran en la calle porque los policías las insultan diciendo que ellas también son colaboradoras de pandillas: “Agarran a la gente equivocada”, responde una madre ante los comentarios despectivos. “Mi hija no es delincuente, no está tatuada, no tiene antecedentes”, dice otra. 

Pero por más argumentos que dan, los policías y miembros del personal del penal parecen enojarse más. O al menos eso es lo que dicen las mujeres afuera del penal. 

Muchas de estas mujeres se acercan a los periodistas cuando los ven llegar, cuentan sus historias, muestran documentos para comprobar que sus hijas eran estudiantes o trabajadoras de la tierra y piden que los casos de sus familiares sean conocidos con la esperanza de ser escuchadas y encontrar justicia. 

Las familias esperan durante horas para poder ingresar el paquete solicitado por el penal, para las mujeres que han sido detenidas. Muchas no logran ingresar estos paquetes y tienen que regresar al día siguiente. Foto/Emerson Flores.

Al interior del penal, la gente hace fila para obtener información sobre sus familiares detenidas. A veces, sin que se sepa la fuente, entre la multitud corre información de que al menos unas 50 mujeres serán liberadas al final de la tarde. Eso genera esperanza y a pesar del sol o la lluvia, las mujeres se quedan para esperar si esa información es real. Pero, la mayoría de las tardes ni una mujer es liberada. Foto/Emerson Flores.

María es la madre de Sofía Esmeralda Rauda, quien tiene 23 años de edad y es estudiante de la Licenciatura en Fisioterapia y Terapia Ocupacional. Según su madre, Sofía fue capturada en Aguilares el 7 de mayo y “no tiene deudas con la justicia”. También pide al presidente Nayib Bukele que ordene a los policías y miliares que investiguen a las personas antes de capturar, ya que a Sofía la acusan del delito de “organizaciones terroristas”: “Que se fije, porque los más grandes están libres y agarran a la gente equivocada. Si el presidente oye esto, hágalo por las jóvenes. Usted dijo que iba a luchar por los jóvenes, que les iba a dar buen futuro, pero cuál es el futuro que les va a dar aquí, señor presidente”, dijo.

Como María, muchas mujeres hacen fila esperando información sobre su familiar, esperando su liberación y asegurando que su detención fue arbitraria. Muchas esperan durante todo el día de pie, porque en el lugar no hay dónde sentarse. Foto/Emerson Flores

Algunas llevan banquitos y sillas para ingresarlas al penal y mientras esperan su turno, las ocupan para no estar paradas todo el día.  Foto/Emerson Flores

Para poder ingresar a la fachada de Cárcel de Mujeres con los paquetes, las familias se organizan de diferentes formas para evitar enojar a los policías y al personal del penal. Para ir en orden, se colocan el número de turno en el brazo. Pero a veces eso no funciona porque las familias que llegan tarde se meten en la fila y desordenan los turnos. Algunas veces, ese desorden y reclamo de las que habían organizado hace que los policías y custodios se enojen y amenacen con dejar de dar información. Foto/Emerson Flores.

En el transcurso del día, policías trasladan en un vehículo a las nuevas detenidas que ingresan al penal. Estos policías llegan al penal y, de forma prepotente, apartan a la multitud para que dejen pasar a las nuevas detenidas. Las familias se quejan de que sienten temor de ser atropelladas cuando los policías llegan con nuevas privadas de libertad, porque no esperan a que se aparten del lugar, solo llegan y meten el vehículo entre la multitud. Foto/Emerson Flores.

En la fachada del penal, hay un listado de productos que debe contener el kit de uso personal que es permitido ingresar. Muchas familias no logran completar los artículos de la lista, debido al costo que tienen y los pocos recursos con los que cuentan. Foto/Emerson Flores.

Rosa Peñate gastó más de $100 en el kit de uso personal para su hija Berta, a quien lleva en una foto que cuelga de un llavero. Según Rosa, ya se realizó la audiencia y su esperanza es que salga . Foto/Emerson Flores.

Rosa optó por comprar los productos en el mercado, porque los precios en las tiendas cercanas al penal son muy altos. Foto/Emerson Flores.

La espera en las afueras de Cárcel de Mujeres es agotadora y muchas personas optan por descansar mientras se les permite el ingreso de los paquetes. Foto/Emerson Flores.

Las familias que logran ingresar las colchonetas y los kits de uso personal desconocen si estos llegan a las mujeres privadas de libertad. Las colchonetas pueden llegar a costar hasta $45, más otros dos dólares para coserla y que así pueda ingresar al centro penal.  Foto/Emerson Flores.

Una pareja se brinda consuelo en las afueras de Cárcel de Mujeres. Hay familias enteras que han sufrido la captura de una o más de sus integrantes. Foto/Emerson Flores.

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