Aún no está claro cómo los genes del sueño corto identificados hasta ahora protegen a las personas de los efectos nocivos del sueño deficiente, ni cómo las mutaciones de estos genes hacen que el sueño sea más eficiente. Para encontrar la respuesta, Fu y Ptáček empezaron a llevar a durmientes cortos a su laboratorio conjunto para medir sus ondas cerebrales mientras dormían. Su estudio sobre el sueño fue suspendido a causa de la pandemia, pero están ansiosos por volver a ponerlo en marcha.
Los investigadores también están interesados en conocer otros valores atípicos del sueño. La duración del sueño, como la mayoría de los comportamientos, sigue una curva en forma de campana. Los que duermen poco se sitúan en un extremo de la curva, y los que duermen mucho, en el otro. Fu ha descubierto una mutación genética asociada al sueño prolongado, pero es difícil estudiar a los que duermen mucho porque sus horarios no se ajustan a las normas y exigencias de la sociedad. A menudo se ven obligados a madrugar para ir a la escuela o al trabajo, lo que puede privarles del sueño y contribuir a la depresión y otras enfermedades.
Pero, aunque el sueño tiene un fuerte componente genético, también puede estar condicionado por el entorno. Saber que es posible dormir mejor y conocer sus causas podría abrir el camino a intervenciones para optimizar el sueño, lo que permitiría a más personas vivir más tiempo y con mejor salud.
El laboratorio de Zee, por ejemplo, ha probado a utilizar la estimulación acústica para estimular las ondas lentas del sueño profundo, que mejoran el procesamiento de la memoria y pueden ser uno de los secretos del éxito de los que duermen poco. En un estudio, reprodujeron ruido rosa —un sonido más suave y natural que el ruido blanco, más parecido a la lluvia o al océano— mientras los participantes dormían. Al día siguiente, esos participantes recordaban más en una prueba de aprendizaje y recuerdo de pares de palabras. “Podemos mejorar la memoria, pero no hacemos que duerman más o menos”, afirma Zee. “Creo que queda mucho por aprender”.
Por ahora, los investigadores recomiendan que la gente se centre en dormir la cantidad de horas que necesita, reconociendo que será diferente para cada persona. Ptáček sigue erizándose cuando oye a alguien predicar que todo el mundo tiene que dormir ocho horas por noche. “Es como decir que toda la población tiene que medir 1,70 metros”, afirma. “La genética no funciona así”.
Artículo traducido por Debbie Ponchner


