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Opinión

Carta a Ruth López en sus 100 días de resistencia

Agosto 26, 2025

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Por Malcolm Cartagena

Comunicador y experto en materia electoral.

Cuando Ruth llegó al Tribunal Supremo Electoral (TSE) en 2008, cambió la dinámica de trabajo del colectivo. Hasta entonces, estábamos los técnicos, que veíamos cosas como el registro electoral, la logística de las elecciones, las comunicaciones; y estaban los jurídicos, cuyo trabajo era todo lo vinculado a ley electoral, las resoluciones del TSE y su jurisprudencia. Fue precisamente gracias a ella, que los técnicos fuimos encontrándole sentido a “las cosas de abogados”.

Primero fue con el cambio de gobierno de 2009. Ahora, ya no éramos solo un despacho de magistrado, sino el despacho de la presidencia del TSE; por lo que la exigencia tanto en cantidad como en calidad de trabajo era mayor. Y ahí Ruth, como asesora jurídica, pasó a liderar el área y vivía en reuniones junto a otros abogados de la institución, de quienes ella se refería cariñosamente como “mis pollitos”. Fue en ese grupo donde algunos técnicos fuimos participando, gracias a su apertura, tratando de entender conceptos como recursos, la diferencia entre la propaganda política y la electoral, y la teoría detrás de la práctica electoral.

Pero fue con las resoluciones de la Sala de lo Constitucional, que cambiaron el sistema electoral en la primera mitad de la década pasada, que el grupo se fue consolidando. Ruth convirtió las reuniones en auténticas capacitaciones. En parte, porque dichas resoluciones tocaban elementos claves del sistema que se materializaban en el trabajo técnico; pero sobre todo por lograr que el grupo hablara el mismo idioma. Y como no había tiempo que perder, muchas veces nos juntábamos los domingos por la tarde en la oficina para ya tener posturas listas antes del inicio de la semana. Nosotros llevábamos el café y el pan, y ella ponía sus conocimientos.

Ella impregnó el ambiente laboral de una pasión que antes no teníamos. Con Ruth, varios aprendimos a amar lo que hacíamos, más allá de que nos pagaran por ello. De modo que si me preguntan qué es lo que más recuerdo de la etapa que compartimos en el TSE, diría sin dudarlo que fueron esas largas discusiones en las que la ley se enfrentaba con su aplicación práctica, hasta convertirse en la convicción de que estábamos haciendo lo mejor para el país y no solo para una fracción.

Fue precisamente ese convencimiento que nos llevó a tener discusiones incluso con personas dirigentes de partidos. Recuerdo una en 2011, en la que una nos criticaba a Ruth y a mí, por pretender que las mesas electorales contaran los votos en los que la población marcaba solo la bandera de un partido. Esto es lógico, pero en aquel momento existía la noción que el voto preferente había llegado para acabar con los partidos al promover el voto individual por sobre el colectivo. Nuestra postura era contraria: éramos de la idea que tomar ese dato mostraría que la gente sí aceptaba esa nueva modalidad de votación, porque lo dotaba de mayor libertad. El tiempo nos dio la razón.

Cuando Ruth terminó su ciclo en el TSE en 2014, la pasión por lo electoral se quedó en ella. A pesar de que pasó al área de la salud, algo totalmente dispar con su trabajo previo, nunca dejó de cargar en su cartera una recopilación de leyes electorales. No importaba que ya no trabajara ahí, la consultaban desde el TSE, la Asamblea Legislativa y los partidos políticos cuando se discutía alguna nueva reforma.

De hecho, la persona que elaboró la modalidad que finalmente se impuso para implementar las listas abiertas, se la presentó a ella antes de dársela a la Sala de lo Constitucional. Ella me llamó, precisamente porque quería la opinión técnica de una propuesta jurídica. Y fue así como nuevamente se juntaron ambas y se arribó a lo que ahora conocemos como voto cruzado.

Los años han pasado y aunque ella llegó nuevamente a otra área: la anticorrupción, su pasión por lo electoral jamás la ha abandonado. En cada elección ha sido referente obligado para conocer una postura crítica y propositiva de las reformas electorales que nunca cesan.

El día de su captura por el régimen, había hablado con ella por la tarde. Hablamos de la vida, de los hijos, de ir a la playa… pero inevitablemente terminamos hablando de las implicaciones nefastas de las últimas reformas. —Ruth, ¿qué hacemos? —le pregunté. Su respuesta: resistir. A cien días de su detención arbitraria, termino estas líneas diciéndole lo mismo: resiste, hermana, que acá resistiremos junto a vos.