
Este 25 de noviembre, feministas y defensoras de derechos humanos conmemoraron el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia Contra la Mujer con una concentraron en el Centro Histórico de San Salvador y con una marcha en silencio por el bulevar de Los Héroes para denunciar que bajo el Gobierno de Nayib Bukele las mujeres siguen siendo violentadas desde el Estado.
Noviembre 25, 2025
Defensoras de derechos humanos y representantes de organizaciones feministas en El Salvador iniciaron este 25 de noviembre, Día Internacional de la Eliminación de la Violencia Contra la Mujer, concentradas frente a la entrada del Palacio Nacional, en el Centro Histórico de San Salvador. Allí, colocaron una ofrenda floral en memoria de Yésica Solís, quien fue asesinada por un militar, el pasado 6 de noviembre, en ese mismo lugar. A una sola voz, exigieron justicia y esclarecimiento de su caso y que los cuerpos de seguridad del Estado no representen un riesgo para la vida de las mujeres en el país.
“En ella (Yésica Solís) se reflejan todas las mujeres que han sido víctimas, primero del sistema patriarcal que nos impone narrativas y violencias que nos deja en desigualdad a las mujeres, pero también es el símbolo de la violencia que ejerce el régimen en contra de nosotras”, expresó Marisela Ramírez, del Bloque de Resistencia y Rebeldía Popular (BRP).
Las organizaciones señalaron que el asesinato de Yésica constituye “la expresión máxima de la violencia patriarcal, feminicida y estatal” y es consecuencia de la militarización. “Vamos a colocar esa ofrenda floral en el Palacio en honor y memoria de la compañera Yésica Solís, quien es una víctima más de este régimen”, sostuvo Ramírez.
Desde el lugar del asesinato de Yésica, también condenaron la violencia que sufren las mujeres con la instauración del régimen de excepción que ha cometido miles de capturas arbitrarias, exigieron investigaciones imparciales, la liberación de las personas inocentes y derogatoria del régimen. Algunas de las mujeres privadas de libertad son de sectores pobres, quienes no han tenido un juicio ni un debido proceso.
La prensa y organizaciones han documentado torturas, partos en centros penales, agresiones con desnudez forzada, quemaduras, asfixia, ejecuciones simuladas y violencia sexual cometidas por agentes de la Policía Nacional Civil y soldados de la Fuerza Armada. Como resultado de todo esto, al menos 25 mujeres han muerto en las cárceles, en estos más de tres años en los que se ha mantenido vigente el régimen de excepción. Según el Socorro Jurídico, en cinco de los casos, la causa aparente de muerte fue violenta.
Las organizaciones también recordaron que las mujeres fuera de prisión cargan con la defensa de familiares inocentes capturados, los gastos de paquetes de víveres que se llevan a los centros penales y las afectaciones emocionales.
Asimismo, denunciaron el desmantelamiento y debilitamiento de las políticas públicas de protección de las mujeres con el despido de más de 100 empleadas del Instituto Salvadoreño para el Desarrollo de la Mujer (ISDEMU) y el cierre de sus oficinas departamentales, limitando las oportunidades de denuncia y reduciendo la participación política y social de las mujeres.
De la misma forma, denunciaron que se mantiene la criminalización absoluta de todas las formas de interrupción del embarazo, incluso cuando la vida y la salud de las mujeres están en riesgo: “El control sobre nuestros cuerpos sigue siendo una herramienta de opresión institucional”, mantuvieron.
Las organizaciones también señalaron la persistencia de la violencia feminicida y machista. “Aun con el supuesto avance en seguridad, el régimen no ha querido poner freno a la violencia contra las mujeres”, señalaron.
Según datos del Observatorio de Violencia contra las Mujeres de ORMUSA, entre el 1 de enero y el 20 de noviembre de 2025, se registraron 24 casos de feminicidios, muertes violentas de mujeres y suicidios feminicidas. Nueve de las víctimas tenían entre 19 y 30 años. Además, el 13 % eran mujeres de origen extranjero (rusa, nicaragüense y hondureña), lo que evidencia la especial vulnerabilidad de las mujeres migrantes.
La Fiscalía General de la República, en su informe de labores junio 2024–mayo 2025, reportó 18,939 hechos de violencia contra la mujer, entre los que se encuentran 82 feminicidios, además de violencia sexual, física, psicológica y patrimonial; lo que representa una disminución del 9.6 % respecto al periodo anterior.
A escala regional, datos de CEPAL señalan que en 2024 al menos 3,828 mujeres fueron víctimas de feminicidio en 26 países de América Latina y el Caribe. Estas cifras equivalen a, por lo menos, 11 muertes violentas de mujeres por razones de género cada día y un total de 19,254 feminicidios en los últimos cinco años.
Por la tarde de este 25 de noviembre, las feministas también marcharon en silencio sobre el bulevar Los Héroes.
La marcha inició en la entrada principal de la Universidad de El Salvador, donde colocaron un altar lleno de velas y rosas moradas. En mariposas hechas de papel colocaron los nombres de mujeres que fallecieron en los últimos años a causa de la violencia.
También recordaron a las víctimas del expolicía asesino de Chalchuapa, a las mujeres presas, desaparecidas, torturadas y las asesinadas por el Estado.
El movimiento feminista aprovechó un momento de poco tránsito vehicular para tomarse el bulevar de Los Héroes y marchar hasta el centro comercial Metrocentro. Vestidas de negro y con velos que cubrían sus caras, las mujeres marcharon en silencio por el contexto de miedo, persecución y amenazas que invade a El Salvador. Sin embargo, recalcaron que no es un silencio de derrota o de resignación, sino estrategia, memoria y organización.
“En un contexto de miedo, persecución y amenazas, hoy optamos por dejar que sea nuestro silencio el que hable por nosotras y nosotros. Este 25N hemos guardado nuestras voces, porque queremos ante todo sobrevivir en un entorno que hoy nos es muy hostil. Sin embargo, nuestras convicciones y las luchas permanecen. Es por eso que hoy hablamos desde un silencio que no es derrota. Un silencio que nace del cuidado colectivo y de la memoria”, expresaron.
Marcharon en silencio pese a las provocaciones y gritos de los conductores impacientes que tuvieron que esperar por unos minutos a que la marcha pasara. El recorrido, aunque más corto que en años anteriores, estuvo cargado de simbolismos. Carteles exigiendo la libertad de la abogada Ruth López y pidiendo justicia por Yésica Solís.
Finalmente, la marcha llegó hasta las famosas letras de Metrocentro. Allí, con velas en sus manos, comenzaron una especie de “plegaria” grupal mientras repetían “ni una menos, vivas nos queremos” y una de ellas leía los nombres de mujeres asesinadas en los últimos años.