Los champús y acondicionadores pueden contener docenas de ingredientes, y la forma en que estos interactúan influye en la eficacia de los productos, por lo que los investigadores no pueden simplemente sustituir una molécula por otra. Sin embargo, dado que los productos para el cuidado del cabello se utilizan con tanta frecuencia, los cambios que los hacen más respetuosos con el ambiente podrían sumar. Al fin y al cabo, dice Varela, “todo el mundo se lava el pelo”.

Aun así, Friedman, del Environmental Working Group, advierte que es difícil saber cuán ecológico es un producto, ya que hay poca responsabilidad por las afirmaciones sobre los distintos productos. (El Environmental Working Group tiene un programa verificado para productos de cuidado personal que intenta aportar más transparencia). E incluso si un producto utiliza materiales de origen biológico procedentes de fuentes renovables, puede seguir dañando el ambiente: las plantaciones de palma que se cultivan en lugares donde se ha talado el bosque, por ejemplo, dañan hábitats importantes y pueden aumentar las emisiones de carbono.

Aunque los consumidores puedan buscar alternativas más ecológicas, el criterio más importante para ellos sigue siendo si un producto funciona. “Lo primero es el rendimiento”, afirma Cavaco-Paulo. “Eso es lo que busca la gente”. Los científicos también lo buscan en esos estanques turbios, bosques y hongos.

Artículo traducido por Debbie Ponchner.