Igualmente preocupante, según Holmes, son los casos documentados de “bioseguridad nula” con animales de granja, lo que crea la puerta de entrada perfecta para que estos virus se transmitan a las personas. En un vídeo grabado por sus colaboradores chinos, se veía a los granjeros manipulando perros mapaches afectados por una grave infección gástrica —utilizando nada más que sus manos desnudas—.
Aunque cada vez son más los países que han prohibido la cría de animales para la obtención de pieles desde la pandemia de la Covid-19, tanto por motivos de derechos de los animales como de salud pública, algunos científicos se muestran cautelosos a la hora de abogar por prohibiciones totales. En algunas partes del mundo, afirma Kaneinen, la cría de animales para la obtención de pieles está profundamente arraigada en la cultura y la tradición familiar; en otras, constituye una fuente de ingresos vital. Hay quien argumenta que una prohibición tajante ignora estas realidades y podría empujar a la industria a la clandestinidad —donde sería aún más difícil de controlar y potencialmente más peligrosa—.
Según los investigadores, una solución más realista es una mejor regulación y una mejora sustancial del bienestar animal en las granjas peleteras chinas. Tras los brotes de gripe aviar en 2023, Finlandia introdujo una serie de medidas obligatorias para hacer más segura la cría de animales para la obtención de pieles, entre ellas la instalación de redes para mantener alejadas a las aves, el mantenimiento de los animales en recintos cerrados, la reducción del tamaño de las jaulas y la obligación de utilizar equipos de protección individual. Kareinen y sus colegas también identificaron el proceso de desollado como “la fase más arriesgada de la operación”, en la que deben aplicarse con mayor rigor las medidas de bioseguridad.
Holmes añade que también es fundamental la vigilancia regular de los patógenos que circulan entre los animales de peletería y las personas que trabajan con ellos. Sin estas medidas, si los animales de peletería provocaran una epidemia grave, afirma, “habríamos fracasado completamente como sociedad —un fracaso absoluto y total—”.
De vuelta en Tong’erpu, dos zorros se pelean por la comida, y sus cuerpos chocan con un ruido metálico contra la jaula de alambre que los alberga. Wang lamenta que los precios de las pieles aún no se hayan recuperado desde la pandemia, lo que le hace sentir la presión. Esto puede ser parte de una tendencia a largo plazo que ve cómo disminuye el interés por las pieles, tanto en China como en el resto del mundo. Algunos creen que la cría de animales para obtener pieles, en lugar de ser eliminada, simplemente desaparecerá por sí sola.
Mientras camino por la granja, un escalofrío me recorre la espalda. Cada jaula podría ser una bomba de tiempo, y la única pregunta es si alguna detonará antes de que la propia industria se marchite.
Artículo traducido por Debbie Ponchner


