El costo energético de la IA será, en última instancia, una cuestión de equilibrio: ¿ahorrará más recursos gracias a sus capacidades de resolución de problemas —aplicadas a todo, desde la búsqueda de curas para el cáncer hasta la mejora de la logística— de los que consume? Pero, aunque es importante crear una IA más frugal y que ahorre energía, también lo es considerar cuidadosamente dónde se necesita la IA, afirma Kenyon. ¿Es el mundo realmente un mejor lugar, por ejemplo, con “agentes de IA” no humanos que prestan atención al cliente?

“Creo que es un error común, cuando surge una nueva tecnología, pensar de repente: ‘Bueno, todo tiene que adoptar esa nueva tecnología’”, afirma. “Ese enfoque realmente no nos beneficia en absoluto”.

Artículo traducido por Debbie Ponchner