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GatoEncerrado

Series de TV

El paso de la familia Buendía por la pantalla chica

Septiembre 2, 2026

La tormenta de viento que acaba con Macondo marca el final de esta producción. Foto/Netflix

Por Malcolm Cartagena

Licenciado en Comunicación Social y cinéfilo

Un año y medio después de estrenarse la primera temporada, Netflix ha presentado la segunda parte y el final de la serie 100 Años de Soledad. Como ya se explicaba en la primera entrega, esta mega producción colombiana ha tratado de hacer lo imposible: recrear la obra magna de Gabriel García Márquez.

Comencemos por el final. Los que hemos leído el libro creo que lo que más esperábamos para esta segunda parte era cómo se iba a mostrar el ciclón babilónico que destruiría por completo a Macondo. Netflix lo sabía, por eso el teaser o avance que presentaron allá por mayo ya nos lo revelaba. Así, nos invitaba más bien a fijarnos en todo lo que le antecede y que no cupo en la primera temporada de esta magistral serie.

Considero que lo más importante de esta parte del libro es todo lo relacionado con la compañía bananera. Esa United Fruit Company (ahora Chiquita) que tanto daño hizo en diversos países a inicios del siglo XX y que en Colombia se cebó con la muerte de muchos campesinos que exigían derechos laborales elementales. La serie nos presenta esta historia muy bien. Mientras nos cuenta la entrañable y trágica historia de Meme y Mauricio Babilonia (con sus mariposas amarillas incluidas), el telón de fondo lo ocupa el descontento social por la explotación laboral de los trabajadores y que culmina con la infame masacre, que luego es negada por la versión oficial y cubierta con un manto de olvido diciendo que ahí jamás había pasado nada. Sin embargo, José Arcadio II vivirá por siempre tratando de que nadie olvide que fueron tres mil los masacrados. No puede verse esta escena sin identificar similitudes con tantas injusticias similares vividas por los pueblos latinoamericanos. En eso la serie se marca un diez.

Luego de este hecho, la serie nos prepara para conocer la historia de los hijos de Aureliano II y Fernanda del Carpio: José Arcadio y Amaranta Úrsula, quienes serán los protagonistas del capítulo final. Siendo niños, Amaranta Úrsula juega con Aureliano Babilonia, el hijo bastardo de la relación entre Meme y Mauricio Babilonia, bajo la mirada escrutadora de la casi senil Úrsula Iguarán, quien logra advertirles que nunca permitieran que los Buendía se acompañaran entre sí, pues los hijos saldrían con cola de cerdo. Con los años, José Arcadio es enviado a Roma para volverse sacerdote y Amaranta Úrsula a un convento de Europa. Mientras tanto, Aureliano Babilonia crece bajo el yugo de Fernanda, ignorante del mundo que le rodea y con la única tarea de traducir los pergaminos del viejo Melquíades.

Y así, buscando libros en la biblioteca de un sabio catalán para esta empresa, se da el fortuito encuentro de Aureliano Babilonia con otros jóvenes adictos a la lectura, entre los que se cuenta al propio Gabriel García Márquez. La serie nos muestra cómo crece la amistad entre los dos, hasta que tiempo después el Gabo se despide de Aureliano Babilonia porque va para París, donde ya lo espera su compañera de vida, Mercedes. Esto no ocurre así en el libro, donde sí existe un Gabriel, sin duda una autorrepresentación del Gabo, pero no se va a encontrarse con Mercedes ni se despide de Aureliano Babilonia.

Y entonces, se viene el cataclismo. Netflix nos presenta la culminación de ese hecho con un plano mágico de toda la estirpe Buendía en el patio de la casa (salvo por Meme y Remedios la bella) asistiendo al temido nacimiento del niño con cola de cerdo que habrá de significar la desaparición de todo vestigio de la familia.

Y tal como ocurre en el libro, los espectadores sentimos sobre nosotros el peso de tanto recuerdo. La serie lo presenta con precisión: vemos a Aureliano caminando por las calles abandonadas de Macondo, mientras se va cruzando con tantos recuerdos y voces propias y ajenas que le agobian. La cámara se ralentiza un segundo para mostrarnos hasta al propio Prudencio Aguilar, aquel que se atrevió a retar a José Arcadio Buendía en el primer capítulo de la serie y que motivó en gran parte el éxodo hacia la sierra, con la consecuente fundación de Macondo.

El final nos deja tal cual el libro: con un vacío y una pesadumbre como si nosotros mismos hubiéramos vivido esos 100 años junto a la familia. Para los que hemos leído la obra, creo que la sensación fue similar. Y ese es el gran logro de Netflix, de los productores (los hijos del Gabo: Gonzalo y Rodrigo García Barcha) y de la directora del capítulo final, Laura Mora. De ahora en adelante, y tal como ocurre con los grandes libros llevados a la pantalla, cuando hablemos de Remedios la bella nos remitiremos al personaje que nos presentó la serie; cuando imaginemos a José Arcadio Buendía amarrado a un árbol al centro de la casa, pensaremos en el actor Diego Vásquez; y cuando recordemos a Úrsula Iguarán, esa abuela de todos los latinoamericanos, irremediablemente veremos a Marleyda Soto y esa enorme actuación que se mandó en las dos temporadas.

No nos queda más que decir: gracias, Netflix, por ponerle imágenes por siempre y para siempre a lo que solo vivía en nuestras mentes.