Opinión - REDIA

Foto/ Cristina Hernández

La educación en El Salvador ante la crisis

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Carlos Calderón

Carlos Calderón

Historiador de REDIA El Salvador.

Problemáticas

La emergencia nacional por la pandemia del COVID-19 ha provocado un cambio radical en la rutina de la población en general y está causando un gran impacto en el ámbito sanitario, social, económico y en la educación. En el caso del sistema educativo, se han tenido que reorientar estrategias para su funcionamiento durante la cuarentena. Esto ha traído consigo una serie de problemáticas y deficiencias.

En primer lugar, la educación básica y de bachillerato han seguido su funcionamiento a través de guías subidas al sitio web del Ministerio de Educación. El estudiante debe descargarlas en su teléfono móvil, u otro dispositivo, y a su vez buscar una “eficaz comunicación con los docentes”. Esto sería el mejor camino a seguir, si no existieran dos principales problemas: el acceso parcial o nulo a medios digitales por parte una gran cantidad de estudiantes y una agudizada desigualdad social.  

Estadísticas de Internet World Stats indican que a diciembre de 2017, la última fecha de la que hay datos disponibles, el 57.7 % de la población salvadoreña tenía acceso al servicio de Internet a través de diferentes dispositivos y plataformas. 

Asimismo, la última Encuesta de Hogares de Propósitos Múltiples (EHPM) de la Dirección General de Estadística y Censos del Ministerio de Economía, asegura que en 2017 un 1.8 millones de salvadoreños tuvieron acceso a Internet. Ese mismo año, 303,815 hogares tenía conexión a Internet, lo que equivale al 16.59 % del total de hogares del país.

Con estos porcentajes, es importante cuestionarse: ¿de qué forma se han acoplado los diversos niveles educativos a la situación generada por la pandemia?

En el caso de las universidades, estas han tenido que tomar una serie de medidas para acatar las indicaciones gubernamentales, al tiempo que intentan proporcionar a profesores y estudiantes la infraestructura informática y tecnológica que les permita continuar con sus actividades académicas a distancia.

Ante la decisión del Gobierno de continuar con las clases de manera virtual, hoy tanto universitarios como estudiantes de otros niveles deben cumplir con tareas que se centran en los contenidos y la lógica de la clase presencial, muchas veces desde plataformas educativas poco amigables para ello. Es importante recalcar que el trabajo escolar no se virtualizó, sino que se adaptó la clase presencial a una por computadora. Lo que quedó es aquello que es más fácil mover, de trasladar al mundo virtual: la certificación, la planeación de clase, las guías de trabajo, la sobreabundancia de actividades, la evaluación a distancia. También se mantuvo la tarea, pero ahora sobrecargada (Sebastián Plá, 2020).

Los docentes de escuela están acostumbrados a las clases presenciales con poco uso de los recursos digitales. En este sentido, no están lo suficientemente preparados o poseen poca experiencia en entornos virtuales.

En este sentido, los docentes han sido forzados a dejar el salón de clase tradicional, al que han estado acostumbrados por décadas, para convertirse de manera obligada en usuarios de las herramientas tecnológicas que existen para interactuar a distancia entre ellos mismos y sus estudiantes, al tiempo que tienen que atender las presiones personales del confinamiento y sus implicaciones económicas, de salud y afectivas.

Los estudiantes, que de manera repentina tuvieron que permanecer en su casa, comparten, si es que los tienen, los dispositivos digitales y la red de internet que usa toda su familia, y deben continuar con las actividades de aprendizaje de sus diversas asignaturas inscritas, a través de tareas, conferencias virtuales y una serie de deberes que se superponen. Además, tienen que lidiar con los posibles efectos de la pandemia en la salud, las emociones, preocupaciones económicas de la familia y su salud física.

Hay otros aspectos que afectan a los padres de familia con hijos e hijas pequeños. Además de sus obligaciones personales y profesionales, estos tienen que acompañar a los infantes en sus tareas y, en muchos casos, pueden no poseer una preparación adecuada para llevar esta acción a cabo, por desconocimiento en el uso de los ambientes virtuales, por la dificultad para usar el celular en el caso de varios niños y por las dificultades para costear un constante gasto de internet móvil (Melchor Sánchez Mendiola, et. al., 2020).

Antecedentes

La educación en El Salvador ya se ha visto forzada a dar saltos tecnológicos y también ha pasado por crisis anteriormente. Es importante remitirse a estos para aprender de nuestra historia. Por ejemplo, hacia 1968 se impulsa la Televisión Educativa (TVE) en el marco de una reforma. Esta buscaba, a través de los medios de comunicación masiva, convertir las estructuras sociales tradicionales en modernas (Héctor Lindo Fuentes y Erick Ching, 2017).

En cuanto a la reforma, el historiador Knut Walter menciona, en Ideales igualitarios y autodeterminación 1961-1972, que la reforma educativa de 1968 es reconocida como una de las más profundas en el continente americano, ya que modificó los planes de estudio y buscó extender la cobertura de las escuelas públicas hasta los puntos más remotos del país, sobre todo en las zonas rurales (Knut Walter, 2001)[1].  Pero Hector Lindo y Erik Ching son reiterativos en la idea de que, en el sector rural, se logró incursionar poco, debido a las mismas políticas centralizadoras.

Las teleclases tuvieron también muchas debilidades. Hubo imposibilidad de que los alumnos siguieran el ritmo de la TVE. Se dio el caso de que se hicieron promociones automáticas únicamente para aparentar, ante las organizaciones internacionales, que la reforma estaba dando resultados positivos. Asimismo, los maestros locales, en lugar de complementarse con los telemaestros, generaron una competitividad que fue desgastante y que terminó afectando su autoestima.

En cuanto a la educación en El Salvador durante la guerra, esta pasó por el endurecimiento de las condiciones económicas que afectaron enormemente las cuestiones sociales. Para 1978, la asignación presupuestaria estatal al rubro educativo fue de 23.15 % (el cual estaba dedicado principalmente a los niveles educativos más altos y al pago de salarios); con la guerra, el gasto en educación decayó al 3.6 % en 1980. Al finalizar el conflicto, el presupuesto llegó a descender en 1992 al 1.5 % (Fernando Reimers, 1995). Esta política de ahorro se debió a que el Gobierno asignó más del 40 % de su prepuesto al Ministerio de Defensa y Seguridad Pública. Con estas condiciones el sistema educativo sufrió un gran retroceso en todos los aspectos.

A partir del caso de la TVE de 1968, hay que tener presente que la implementación de tecnologías sin un análisis previo de las condiciones socioeconómicas del país, más allá de ayudar, puede acrecentar las desigualdades y privar a muchas personas del derecho a la educación.

La guerra trajo grandes lecciones en cuanto al desarrollo de la educación en tiempos convulsos. Las zonas rurales, que fueron el seno del conflicto, tuvieron experiencias educativas desde la informalidad y desde lo local, para solventar problemáticas cotidianas a raíz del conflicto.

Desafíos

En conclusión, este texto sintetiza algunos aspectos generales de la educación en El Salvador en la actualidad y desde una perspectiva histórica. A medida que se vaya desarrollando la crisis sanitaria actual, se abre el debate sobre los desafíos que deben abordarse desde diferentes disciplinas para que el país afronte los problemas en materia educativa.

La pandemia del COVID-19 ha permitido ver que, si bien en el mundo el uso de los smartphones es algo cotidiano y generalizado, para el caso de El Salvador y otros países de América Latina, el manejo de la tecnología y la transmisión de conocimiento a través de recursos pedagógicos digitales es aún incipiente.

El Gobierno de El Salvador ha asumido las limitaciones de conexión del estudiantado, dotando de guías impresas a un aproximado de 137,000 estudiantes de todo el país que tienen dificultades para descargar el contenido digital que han cargado en su sitio web (MINEDUCYT, 2020). Y muy probablemente, muchas escuelas que no lograron aplicar para recibir estos recursos impresos, siguen teniendo limitaciones para continuar los procesos educativos.

Es importante que el Gobierno deje de lado la exaltación de casos simbólicos como el del joven de Atiquizaya, que únicamente aportan a nivel discursivo, pero que en la realidad siguen demostrando que no se procura el derecho a la comunicación y acceso a la tecnología en las zonas históricamente excluidas.

Esta crisis debería ser la excusa perfecta para iniciar una transformación educativa, fortaleciendo la educación desde la comunidad y motivar una enseñanza por medio de la resolución de problemas con estrategias interdisciplinarias. A su vez se debe desmontar el escepticismo ante las herramientas digitales de los docentes de todos los niveles de estudio. Esto solo se logrará cuando el sistema innove con nuevas estrategias pedagógicas dentro de los planes educativos, se adhieran permanentemente las herramientas tecnológicas dentro de las políticas públicas, se fortalezca la solidaridad comunitaria y se democratice aún más la comunicación, dejando a un lado la institucionalidad centralizada y lo autoritario.

[1] Knut, "Ideales igualitarios", 496.

REDIA El Salvador

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REDIA El Salvador es un equipo de investigadores muldisciplinarios en la región del Triángulo Norte centroamericano. Sus trabajos se centran en el estudio de la relación sociedad-naturaleza y se sustenta desde tres ejes: la investigación científica, el trabajo comunitario y la educación ambiental.

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Carlos Calderón

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Historiador de REDIA El Salvador.

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