Opinión

Los desafíos de los biólogos para la conservación de recursos naturales de El Salvador

Rubén Sorto

Rubén Sorto

Biólogo.

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Por Rubén Sorto*

Nuestra meta será mostrar y posicionar al importante gremio de biólogos salvadoreños ante la sociedad y demostrar la fundamental función que hacemos con la conservación y manejo de la vida silvestre, y el trabajo con las comunidades. 

Para ello, tenemos que traducir mucho de ese lenguaje técnico que utilizamos y hacer que sea accesible para el consumo masivo del pueblo salvadoreño. Porque los biólogos podemos pasar una hora hablando sobre la vida silvestre o invertir años en una investigación, pero si no hacemos empatía con la población, sus necesidades y problemática ambiental, de nada va a servir. Simplemente dirán: ¿y eso de qué nos sirve? 

La conservación biológica en El Salvador dista mucho de aquellos programas de televisión que consideran al ecologismo como un lujo de quienes, teniendo  todo, se preocupan por las plantas y los animales en peligro de extinción. En contraste, el “ecologismo de los pobres” brota de quienes dependen directamente de los recursos naturales para vivir.

El vínculo entre la conservación de la diversidad biológica y el bienestar humano es aparentemente obvio. Sin embargo, en las esferas públicas y políticas se generan grandes tensiones y conflictos: aunque la pobreza es apropiadamente presentada como el problema más urgente que afecta a El Salvador, la protección ambiental es equivocadamente presentada como un lujo, incluso un impedimento para la solución de los problemas de la pobreza. 

Muchos gobiernos, a lo largo de la historia salvadoreña, han justificado sus políticas de desarrollo como una acción necesaria para superar la pobreza. Implementan esas políticas sin importar que eso vaya diezmando al medio ambiente. Los gobernantes en turno dicen: “no podemos frenar el desarrollo”. Sin embargo, la proporción y el número de personas que viven en condiciones de extrema pobreza ha aumentado durante las últimas décadas en este país.

El biólogo salvadoreño, biólogo de la conservación, debe estar muy atento. Los desafíos son muchos y tienen un factor común, el de moverse en un campo donde nos enfrentaremos a distintos grados de incertidumbre, con los que habrá que convivir. También se nos exige adquirir otros conocimientos, como los conocimientos ancestrales de las comunidades locales, indígenas o campesinas, que ofrecen una valiosa información encerrada en tradiciones culturales que pueden complementar nuestros conocimientos científicos.

Los desafíos que nos aguardan son inmensos y los equilibrios para avanzar en ellos son delicados.

Para un biólogo salvadoreño, la equidad, la justicia social y la solidaridad debieran ser tan importantes como la protección de los ecosistemas. Por ejemplo, los corredores biológicos, humedales, manglares o nuestras selvas caducifolias.

¿Cómo podemos los biólogos salvadoreños abogar por los seres vivos que cohabitan en nuestras regiones y que no tienen voz para manifestar sus necesidades frente a las personas e instituciones que toman las decisiones en pro del desarrollo? ¿Cómo podemos los biólogos contribuir a que tales organismos, como también las multitudes de comunidades rurales y poblaciones marginales de pobres en El Salvador tengan una voz en estas decisiones y sus necesidades sean integradas en procesos más participativos y diversos? ¿Cómo podemos dar cuenta de las presiones económicas y políticas externas, nacionales e internacionales, sobre nuestros ecosistemas y sus poblaciones humanas? ¿Cómo podemos poner en práctica los complejos modelos y explicaciones que elaboremos en torno a estas problemáticas?

Estas preguntas parecen extremadamente complejas, porque desafían a los especialistas que dominan la academia y otras instituciones. Sus respuestas no sólo exigen una integración entre múltiples áreas del saber, sino que también demandan una colaboración entre diversas instituciones gubernamentales, como las alcaldías; comunales, como las Adescos, las juntas de vecinos; no gubernamentales, como las cooperativas de pescadores y agricultores; de seguridad, como la Policía local o la Fuerzas Armada; o de educación, la escuela local o la universidad más cercana.

La participación interinstitucional e interdisciplinaria permite que los aportes de los biólogos salvadoreños no permanezcan cautivos en el interior de la academia o de las publicaciones científicas, sino que sean incorporados por los diversos actores que participan en la toma de decisiones, cuyos criterios son esencialmente políticos, económicos y administrativos.

Las nuevas funciones de un biólogo salvadoreño, o mejor dicho las funciones en las que no se nos toman en cuenta, y que son esenciales para la formación de los futuras generaciones de biólogos salvadoreños podrían ser: 

1) Analizar las problemáticas, tales como el crecimiento económico. Generalmente, el biólogo tiene que velar por los recursos naturales y la población más necesitada, la gente pobre.

2) Diversificarse y amalgamar los indicadores de bienestar social y ambiental.

3) Mejorar la formulación y el cumplimiento de las legislaciones ambientales, interrelacionando dimensiones ecológicas y sociales.

4) Escuchar a los diversos involucrados y afectados por los proyectos de desarrollo, y luego promover la discusión pública e informar a la ciudadanía respecto a los problemas ecosociales.

5) Precisar quiénes son los beneficiarios y los afectados por los proyectos de extracción de recursos naturales.

6) Definir cualitativa y cuantitativamente el impacto ambiental de diversas personas, comunidades o empresas.

7) Revisar la historia ambiental de cada región para comprender mejor los procesos de transformación ecológica y cultural y evitar errores cometidos en el pasado.

Rubén Sorto

Rubén Sorto

Biólogo.

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