Donde el Lempa y el mar se encuentran es un basurero

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Por Emerson Flores

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Ernesto Amaya

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El Bajo Lempa, el último tramo del río más grande e importante de El Salvador, enfrenta una gran cantidad de problemas ambientales antes de llegar al océano Pacífico. El avance de los campos cañeros que deforestan los bosques y manglares; el ensanchamiento del río que poco a poco va destruyendo su ribera; el abuso de agroquímicos tóxicos que contaminan el agua y toneladas de basura que son arrastradas desde las zonas urbanas y desembocan en la playa Los Negros, la última frontera del Lempa con el mar.

El puente de oro, entre San Vicente y Usulután, es la marca distintiva de la zona geográfica  conocida como “el bajo Lempa”, donde los 422 kilómetros que recorre el río, desde las montañas guatemaltecas del municipio Olopa hasta el océano Pacífico, llegan paulatinamente a su fin. Foto/Emerson Flores.

Dron sobrevolando el río: El Lempa, al igual que la mayoría de ríos del país, tiene una dinámica de encogimiento-ensanchamiento según la época seca o lluviosa. Solo que en este afluente la situación es en extremos. En verano, el río se pone tan “pachito” que se puede cruzar a pie sin riesgos; pero en invierno su volumen es tal que se ensancha hasta lavar parte de la ribera.

A este proceso de degradamiento de los suelos por un fenómeno erosivo hídrico se le conoce como “azolvamiento”. Aunque puede darse por causas naturales como la lluvia y el desbordamiento de ríos, en el caso del bajo Lempa se ve fuertemente acelerado por la constante deforestación de los campos cañeros en las orillas del río. Foto/Emerson Flores.

El azolvamiento arrastra todo lo que encuentre en su orilla, que en su mayoría se trata de vegetación, árboles frondosos que son el hogar de la fauna avícola de la zona, reduciendo aún más el tamaño del bosque y empeorando la problemática de deforestación. Aunque se traten de hacer bordas, eventualmente ceden a la fuerza de la corriente. Foto/Emerson Flores

Hugo Roberto Urquilla, pescador y defensor del río, nos cuenta cómo las cañeras no solo agravan los problemas de azolvamiento, sino que con el uso de agroquímicos, como el glifosato para acelerar la maduración de cultivos, también contaminan el agua del Lempa y el aire de las comunidades a través del riego aéreo en avionetas. Foto/Emerson Flores

Dron sobrevolando los campos de caña: La contaminación por agroquímicos como el glifosato es responsable de la intoxicación de 1 de cada 1000 salvadoreños, es decir 94.6 casos por cada 100,000 habitantes, según CRIPDES. Aún así, se aplica por vía aérea en la mayoría de las 115,708 manzanas de monocultivo de caña en el país. Foto/Emerson Flores.

Urquilla nos muestra los envases plásticos de glifosato que arrastra la corriente río abajo. Entre 2018 y 2019 se aplicaron más de 696,000 litros de producto comercial a base de este químico en los cultivos de caña. Foto/Emerson Flores.

La contaminación por agroquímicos es responsable en gran medida del auge de casos de insuficiencia renal en las comunidades aledañas al río. Las muertes por esta causa se han mantenido constante a lo largo de los últimos años en Tecoluca, municipio del bajo Lempa. 54 muertes en 2018, 36 en 2019, y 53 en 2020. Solo en lo que va del 2021 ya hay 17 fallecimientos reportados, según datos del Ministerio de Salud. Foto/Emerson Flores.

Dron sobrevolando la playa donde el río y el mar se encuentran: Donde el Lempa y el Pacífico se encuentran, la desembocadura de la playa Los Negros, es un botadero de la basura que recoge el Lempa en todo su recorrido. Cubre un área aproximada de 272,869.83 m². Literalmente una playa de basura. Foto/Emerson Flores.

Bernardo Belloso, miembro de CRIPDES, nos cuenta que las comunidades de Tecoluca realizan periódicamente una limpieza de la playa, ya que no hay ningún interés de los gobiernos locales o central por atender el problema de la basura que les llega de río arriba. En una jornada regular pueden llegar a recoger más de una tonelada. Foto/Emerson Flores.

Dron sobrevolando la playa mostrándo la basura: zapatos, pelotas de fútbol, muchas, demasiadas botellas plásticas, cascos de moto y hasta refrigeradoras, y aún más, son parte de los desperdicios que Belloso asegura que han recogido en la playa Los Negros. 

La contaminación también afecta la vida acuática y a quiénes dependen de la pesca para sobrevivir. En época seca los peces mueren al no encontrar el suficiente alimento para sobrevivir y quedarse atrapados en charcas del río, haciendo que en época lluviosa la cantidad de pez disponible aún menor cada año y más difícil su recolección. Foto/Emerson Flores.

Los almejeros son, dentro de los que viven de la pesca en los maglares del bajo Lempa, quizá los más afectados. Según los pobladores, han pasado de recolectar alrededor de 10 sacos llenos de almejas a apenas 4, ganando entre $18.00 a $20.00 el saco. Teniendo que cuidar de que las poblaciones de almejas no sean sobre explotadas o cazadas muy jóvenes antes de su maduración sexual. Foto/Emerson Flores.

 

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