Foto/Emerson Flores

Víctimas de desaparición hasta agosto 2021 ya superaron el total de 2020

Flor García logró ser más que un número en la estadística de desapariciones en El Salvador, gracias al esfuerzo de su familia por exponer su caso en los medios de comunicación y las redes sociales. La mediatización de su historia fue aprovechada por familias que llevan varios años buscando a sus desaparecidos, apareciendo ante las cámaras de los periodistas para exponer las fotografías de sus seres queridos. Estas personas luchan diariamente contra un Estado que solo ha condenado a 14 personas desde que se reconoció el delito de desaparición, frente a más de mil víctimas en el mismo periodo y que, en lo que va de este año, ya se superó la cifra de víctimas que hubo en 2020; luchan contra autoridades que los ignoran y los convierten en seres tan invisibles como a sus desaparecidos. Luchan contra el tiempo y el olvido.

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Por Karen Moreno

Por Karen Moreno

“¡Mamá, acaban de encontrar el cuerpo de Flor!”, gritó Lisseth* en la sala de su vivienda, mientras observaba por la televisión las excavaciones en un botadero de ripio y tierra, ubicado en el kilómetro 32 de la carretera Panamericana, en el municipio de Cojutepeque, Cuscatlán. Maribel*, su madre, dejó su almuerzo sobre la mesa y se acercó para ver, mientras la reportera informaba sobre la desaparición de la joven madre de 33 años que fue vista por última vez el 16 de marzo de este año. El caso, a diferencia de miles que se mantienen en la impunidad, trascendió hasta escala internacional gracias a que la familia de Flor García logró mantener por 105 días una campaña mediática para presionar a las autoridades, hasta el 30 de junio cuando fue encontrada.

En la escena y frente a las cámaras, la reportera informó que al lugar llegaron el fiscal general impuesto, Rodolfo Delgado; el ministro de Justicia y Seguridad, Gustavo Villatoro; y el director de la Policía Nacional Civil (PNC), Mauricio Arriaza Chicas, quienes prometieron brindar una conferencia de prensa sobre cómo Joel Valle, esposo de Flor, confesó todo lo que hizo y explicó dónde la enterró.

“Sería importante ir (aprovechando que llegaron los funcionarios), para preguntar por William”, exclamó Lisseth, al mismo tiempo que Maribel perdió el apetito y decidió abandonar su plato de comida. 

Ese William Antonio García, de 25 años, del que Lisseth hablaba es su hermano. William desapareció el 20 de septiembre de 2018, en el cantón Ojo de Agua, en Cojutepeque y hasta la fecha nadie sabe nada acerca de su paradero. Lisseth, su madre Maribel y su padre Juan lo han buscado por todos lados sin el apoyo de las autoridades e incluso tienen una hipótesis de lo que pudo haber ocurrido, como si de detectives se tratara.

Sin pensarlo dos veces, Maribel y su esposo Juan le tomaron la palabra a Lisseth. Recogieron en sus manos una foto de William y se aseguraron de llevar consigo el diploma de graduación de bachillerato. En menos de media hora, y gracias a que un amigo de la familia los llevó en su vehículo, llegaron hasta la escena donde las autoridades se encontraban trabajando en el caso Flor. 

En el lugar, del otro lado de la cinta amarilla, observaron una veintena de agentes policiales, militares, un agente canino llamado Furst que fue llevado para hurgar entre la basura y encontrar con su olfato rastros a Flor, fiscales y privados de libertad que ayudaban a forenses. Junto a todos ellos, también había una decena de fotógrafos y comunicadores institucionales y del gobierno.

Mientras Maribel y Juan esperan la oportunidad de hablar con algún funcionario sobre la desaparición de su hijo William, el ministro de Seguridad, Gustavo Villatoro, salió del lugar de la excavación y se agachó para saludar al canino Furst. Al ver el gesto, una comunicadora de Casa Presidencial se acercó para alejar a los policías que rodeaban al ministro y así dejar espacio libre para que los periodistas tomaran fotos desde atrás de la cinta amarilla.

Unos minutos más tarde, la comunicadora anunció a los periodistas que los funcionarios darían declaraciones. Detrás de las cámaras de televisión y periodistas, Maribel y Juan tomaron lugar para acercarse a los funcionarios después de la conferencia de prensa.

Una comunicadora del gobierno indica a los agentes policiales que se aparten para que los periodistas tomen fotos, desde atrás de la cinta amarilla, al ministro de Seguridad mientras abraza al agente canino Furst. Foto/Karen Moreno

“Si bien es cierto, no podemos evitar en algún momento que (las víctimas) sean objeto de vejámenes con un nivel de violencia y salvajismo hacia quien se consideraba era un ser querido, creo que podemos darles la certeza de que contamos con las investigaciones adecuadas”, expresó el fiscal de facto Delgado a los periodistas y agregó que el cadáver encontrado en el botadero de basura concordaba con rasgos y características de Flor.

Fue ese día, después de las declaraciones de los funcionarios, que la familia de Flor terminó con su campaña mediática y en redes sociales para buscar a Flor y pidió tiempo y espacio para despedirla en silencio y en intimidad. 

Al finalizar la conferencia, y desde atrás de los periodistas, Maribel y Juan gritaron incesantemente: “¡Señor fiscal! ¡Señor fiscal!”. 

Pero, por más que alzaron la voz, los funcionarios los ignoraron. 

Los únicos que se acercaron eran un par de periodistas interesados en saber por qué la pareja gritaba, buscando la atención del fiscal, y un policía que custodiaba la escena. Ese policía se acomodó el fusil a un lado y sacó una libreta para anotar. Preguntó un par de cosas sobre el caso y luego se marchó. 

“Nosotros queríamos hablar con alguien importante, como el señor fiscal o el ministro, funcionarios del gobierno. Con esa emoción fuimos (al operativo para rescatar los restos de Flor)”, explicó Maribel a GatoEncerrado

A pesar de que no pudieron hablar personalmente con los funcionarios del gobierno, se marcharon alegres: “Los medios de comunicación sí nos atendieron. Yo me traje esa gran impresión, que las únicas personas que nos atendieron fueron los medios”, agregó Maribel. 

A las 2:54 de la tarde, de ese día, después de videos que circularon en redes sociales de la pareja gritando por la atención del fiscal, Delgado tuiteó que la Fiscalía iba a revisar el caso. “Se nos acercó una pareja angustiada por la desaparición de su hijo, en 2018”, puso en su cuenta de Twitter. 

Fue hasta 50 días después, el 19 de agosto a las 9:30 de la mañana, que personal de la Fiscalía de Cojutepeque visitó la casa de la familia para prometer que su caso sería retomado. Por primera vez fueron escuchados y tienen la promesa de que las autoridades darán seguimiento al caso, después de casi tres años de la desaparición y tras el ruido que hizo el caso a través de medios de comunicación.

GatoEncerrado publicó el 31 de mayo de 2021 que las familias de personas desaparecidas, como la de Flor, no tienen otra opción que convertirse en detectives a tiempo completo de sus propios casos, ante la impunidad que caracteriza al Estado salvadoreño, que solo ha logrado condenar a 14 personas por el delito de desaparición desde que se contempló en el Código Penal en diciembre de 2019, frente a 1,491 personas que han sido víctimas del delito en el mismo lapso de tiempo, de acuerdo con datos de la Fiscalía gestionados por esta revista. Esta realidad contrasta con los 40 casos que han llegado hasta los tribunales hasta la fecha. 

Por si fuera poco, en lo que va del año se ha superado la cifra total de víctimas del año 2020: De enero a la fecha se han reportado 789, mientras que en todo el año pasado hubo 689. La cantidad de personas podría ser mayor, ya que es probable que la Fiscalía no tenga el registro de todas las personas que han desaparecido.

Uno de los datos más reveladores de la Fiscalía es que en el departamento de San Salvador ha ocurrido un aumento en la cantidad de víctimas de desaparición, que pasó de 217 en 2020 a 312 hasta agosto de 2021. Los departamentos de La Libertad y Santa Ana se han mantenido con números al alza desde el año pasado. Los lugares más recurrentes en los que las personas han sido víctimas de este delito han sido la calle, con 329 personas víctimas en ese periodo y 254 en la propia casa de la víctima. 

DATO

Lugares donde más desaparecen las personas

Calle

0

Casa de residencia

0

Colonia

0

CAsa de un familiar

0

Fuente: Datos desde diciembre 2019 hasta el 14 de julio de 2021

***

Tres hombres llegan a las 9 de la mañana del 20 de septiembre de 2018 a la vivienda de Juan y Maribel para hablar con William. Se llegan las 12:30 del mediodía, pero la conversación no se detiene bajo el palo de mango que está a unos pasos de la entrada de la casa. 

“Mis problemas solo yo los sé”, dijo William a su madre, cuando finalmente se sentó en su banco de madera para almorzar. Maribel preguntó a qué se refería, pero William no quiso decir más. 

Ahora que recuerda ese momento, Maribel se lamenta de no haber insistido más. Pero, “¿quién iba a pensar que no regresaría?”, se consuela a sí misma. 

William se dedicaba a la agricultura. A sus 25 años se había hecho de casa propia y tenía un bebé con su pareja. Después de almorzar, anunció a la familia que iba a vender veneno contra insectos, cerca de un río al que Maribel llama Sisimite.

Cuando Maribel regresó de la iglesia, a las 7:00 de la noche, su esposo Juan le dijo que William no había llegado a casa. Esas palabras le hicieron sentir que le arrancaban el corazón. 

Los primeros sospechosos de la desaparición fueron los tres hombres que estuvieron con William por la mañana. Desde hacía aproximadamente seis meses, llegaban con frecuencia a buscarlo para que los invitara a beber alcohol o para pedirle dinero, recuerda Maribel. Después de la desaparición, los tres hombres se unieron a la Fuerza Armada, aunque uno de los tres ya está de baja, según ha sabido la familia de William. 

Maribel vuelve a repasar una y otra vez los hechos de ese día, como una cinta interminable proyectada en su cabeza y solo llega a la misma conclusión: “Estos hombres tenían planeado lo que iban a hacer con mi hijo y él también lo sabía”.

Ir a la escena donde fue encontrada Flor fue lo último que hicieron Maribel y su esposo Juan con la esperanza de ser escuchados. “Ya no teníamos adónde ir, nadie nos escuchaba”, dijo Juan, después de relatar cómo fueron incontables veces a todas las instituciones para obtener respuestas y luego regresaban con la misma incertidumbre. Insistieron en que los únicos que sí los han escuchado son los medios de comunicación y que gracias a las publicaciones ahora están a la expectativa de que la Fiscalía cumpla con su promesa de buscar a William. 

A pesar de las veces que han sido ignorados, Maribel nunca ha dejado de buscar a su hijo. Incluso cuando está profundamente dormida tiene sueños en los que se le aparece William para decirle que los responsables de su desaparición fueron los tres hombres que lo llegaban a visitar. 

Epílogo: las autoridades reaccionan ante casos mediáticos

Como el caso de William, hay cientos de desapariciones que permanecen en la impunidad. Los familiares de los desaparecidos buscan apoyo en las autoridades, pero en muchos de los casos ni siquiera hay un tan solo avance en la investigación. Eso frustra, así que a los familiares les toca buscar por sí mismos a sus seres queridos. En esa búsqueda son ellos los que preguntan constantemente en las morgues, son ellos los que llegan a las escenas de crímenes o fosas clandestinas —como el caso de Chalchuapa, en Santa Ana— y preguntan si entre los cadáveres están sus desaparecidos. En esas escenas también aprovechan para exponer sus casos ante los periodistas. 

Orlando Vásquez es uno de esos padres que desde hace 14 años ha buscado a su hijo y ha pedido ayuda en las instituciones, pero nadie le ha ayudado. Cuando se enteró de que en Chalchuapa, donde desapareció su hijo, había una fosa clandestina, llegó para pedir información y apoyo. Las autoridades se limitaron, una vez más en estos últimos 14 años, a tomar sus datos y pedirle paciencia.

En la escena, compartió su caso y datos con periodistas. “Sinceramente nada de nada (de avances en el caso). Gracias por llamarme, lo agradezco, porque los periodistas están más pendientes que los que llevan los casos (en la Fiscalía)”, dijo Orlando a esta revista después de contactarlo en varias ocasiones para saber si las autoridades han buscado a su hijo.

Orlando Vásquez busca a su hijo Orlando entre los cadáveres encontrados en la fosa del asesino de Chalchuapa. Su hijo Orlando desapareció en 2007 en el mismo municipio donde Hugo Osorio enterró a sus víctimas. Foto/Emerson Flores Flores

Cuando Joel Valle, el esposo y acusado de haber desaparecido y asesinado a Flor García, fue llevado a los tribunales de Cojutepeque para su audiencia inicial, una multitud de familiares de otras mujeres desaparecidas aprovecharon la cobertura de los medios de comunicación para exigir a las autoridades que también resuelvan sus casos.

María Preza fue una de las madres de mujeres desaparecidas que llegó hasta los tribunales de Cojutepeque. Como las demás, se acercó a las cámaras de televisión con la esperanza de que las autoridades vean su caso. Sacó de una bolsita plástica la imagen de su hija María Imelda Sanchez, de quien no sabe nada desde el 3 de enero de 2019, cuando iba a una entrevista de trabajo: “Pido justicia para mi hija, las mujeres somos indefensas”, dijo María, con el apoyo de otras mujeres defensoras que exigían justicia para Flor y para las demás mujeres desaparecidas.

A pesar de que los medios de comunicación ayudan a que los casos sean de conocimiento público, como las familias piden, el ministro de Seguridad ha arremetido en contra de los periodistas por difundir los casos. Nueve días antes de la audiencia inicial de Joel Valle, por el caso de Flor, el ministro Villatoro dijo en una conferencia de prensa: “Algún lugar en el infierno van a tener estas personas que están promoviendo zozobra”, y luego agregó que la población debe informarse por “los canales oficiales”.

Casi un mes después, Villatoro anunció que restringiría el acceso a la prensa de escenas de homicidios por “salud mental” de los niños. Para el cumplimiento de esta medida, la Policía ya ha utilizado la violencia física en contra de periodistas.

A casi cinco meses de haber anunciado un comité multidisciplinario para acompañar a las víctimas, “para generar de una forma más expedita el agotamiento de las diferentes hipótesis o líneas de investigación”, aún no se ha conocido públicamente la implementación de ese equipo, solo la firma de un convenio este 24 de agosto para el “fortalecimiento a la implementación de herramientas de gestión para casos de desapariciones y tortura vinculados al crimen organizado que afectan a mujeres, hombres y jóvenes en El Salvador”.

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