Iglesia de San Pedro Perulapán, cuadro pintado por Jaime Callejas


Este año ha sido violento para los habitantes de San Pedro Perulapán, pero también ha sido el año en que un joven tomó la decisión de organizar un torneo de fútbol, en una cancha donde ya nadie jugaba por temor a las pandillas, y ha sido el año en que uno de sus jóvenes pintores ganó un certamen nacional por pintar un mural para hacer conciencia en el tema de migración. Por esto, y por esas historias escondidas que no salen en los noticieros de la hora estelar, es que en Perulapán no solo se respira violencia y muerte, también hay esperanza.


Por GatoEncerrado*

San Pedro Perulapán es el municipio más violento del departamento de Cuscatlán. No, más que eso: San Pedro Perulapán ha sido el municipio más violento del año 2015 en todo El Salvador. Entre enero y octubre se cometieron 134 homicidios, y en algunos casos la muerte se llevó violentamente a dos, tres, cuatro, seis... personas de una sola vez.

Durante el año, la muerte se vistió de pandilleros de negro que utilizaron armas largas de fuego para ametrallar pasajeros de dos buses, asistentes a una fiesta de cumpleaños o irrumpir en casas y rociar con balas a los que estaban dentro. A veces se vistió de policías que, en un supuesto enfrentamiento, asesinaron a seis pandilleros. A la muerte le dio igual vestirse de pandillero o policía, lo que quería era llevarse consigo a muchas personas.

Este año la muerte se ensañó con San Pedro Perulapán, quizá por la poca inversión en prevención de violencia que argumentan los expertos en seguridad que elaboraron, en conjunto con la alcaldía, un plan de prevención con el que pretenden implementar programas que a mediano plazo contengan a la ansiosa muerte que ha rondado los 17 cantones del municipio dando estocadas finales para robarse el último suspiro de sus víctimas.

“En conjunto con la agencia de cooperación de Estados Unidos (USAID) hemos un elaborado un plan de prevención de violencia para un periodo de cinco años, en los que queremos inaugurar centros de alcances y capacitar a jóvenes en riesgo en programas laborales y educativos, y así hacer que San Pedro Perulapán baje los índices de violencia”, explica el alcalde Lázaro Flores.

Toda esta violencia y muerte que San Pedro Perulapán ha atravesado este año, por la hipótesis de que falta inversión en prevención, ha sido contada mes a mes en los medios de comunicación, y por eso resulta un absurdo volver a contarla. Sin embargo, y como es natural en cualquier municipio, en medio de toda esta ola de violencia, que ha inundado a los 120 caseríos del lugar, hay historias distintas, hay historias que hablan de otra cosa que no giran en torno a la violencia y que muestran al país y al mundo que siempre hay más de lo se ve o dice. Esto también sucede en el municipio más violento de uno de los países de la región más violenta del mundo.

Ahora ya se puede jugar fútbol en Tecoluco Abajo

La primera historia tiene como escenario el cantón Tecoluco Abajo. Un cantón que en el agregado del nombre tiene un sustantivo acertado, porque para llegar hay que bajar por una calle que al principio es pavimentada pero luego se convierte en terrosa, y cuando llueve en lodosa. Hay que pasar por unos callejones rodeados de vegetación que, según los lugareños, era el camuflaje perfecto para pandilleros que salían de noche a delinquir, y a veces hasta matar, justo cuando los trabajadores, comerciantes, estudiantes o agricultores regresaban a sus casas a descansar.

La palabra ‘salían’ es la correcta, porque a pesar de la violencia durante este año en el cantón, las cosas han comenzado a cambiar. O al menos esa es la percepción de los lugareños que coincide con la de los policías.

El oficial Román Gutiérrez de la subdelegación de San Pedro Perulapán afirma que la nueva filosofía de la Policía Comunitaria de la Policía Nacional Civil (PNC) ha comenzado a tener un efecto positivo en el cantón.

—¿Por qué afirma que las cosas están cambiando?—preguntamos al agente Gutiérrez.

—Antes estábamos frustrados los policías de esta subdelegación, porque a cada rato escuchábamos de balaceras y cuando llegábamos ya estaba una persona fallecida en el lugar, entonces teníamos que hacer algo porque esto (la violencia) se ponía cada vez más duro.

—¿Y eso que hicieron fue implementar la Policía Comunitaria?

—Entonces ahí viene la implementación de la filosofía de Policía Comunitaria, que en el municipio ya funciona y bastante bien.

—¿Funciona en todo el municipio?

—Al menos por ahora en algunos cantones que han sido catalogados como los más violentos. Entre esos el cantón Tecoluco Abajo, donde la escuela ha ofrecido un pequeño cuarto donde cuatro policías, que se cambian turno con otros cuatro, pasan día y noche y desde donde salen a patrullar, apoyados por soldados.

—¿Cuáles han sido los resultados?

—Esta presencia permanente de policías ha hecho que los pandilleros se escondan, huyan o simplemente no salgan a delinquir.

Esta presencia policial también motivó a Daniel Bolaños, según explica el mismo Bolaños, a acercarse a la escuela y proponer su iniciativa de prevención de violencia. Este hombre no pasa de los 30 años, es delgado y moreno, y vive con su esposa e hijos en una pequeña granja del cantón.

—¿En serio lo motivo la presencia policial en la escuela?—preguntamos a Bolaños.

—Sí, y como a mí siempre me ha gustado el fútbol, me acerqué para hacer mi propuesta de prevención.

—¿Cuál fue su propuesta?

—Pedí seguridad, porque aquí era peligroso jugar desde hace un tiempo, cuando mataron a dos en la cancha, y desde entonces nadie había querido llegar a la cancha otra vez.

El caso al que se refiere Bolaños sucedió el 4 de mayo de 2014, cuando los jugadores habían finalizado el partido de ese día y ya se dirigían a sus casas. En ese momento un grupo de pandilleros, armados con fusiles AK-47, les salieron al paso y los asesinaron. La Policía dijo que la hipótesis más probable del motivo del crimen era que las víctimas habían bajado del cantón Tecoluco Arriba, que es un lugar con una pandilla rival.

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Escena de homicidio en cancha del cantón Tecoluco Abajo en San Pedro Perulapán. Foto/Cortesía de DiarioLeoSv

Fue hasta septiembre de este año en que Bolaños se acercó a los policías comunitarios para solicitar seguridad mientras los niños y jóvenes se animaban otra vez a pisar la cancha y jugar.

Uno de los policías comunitarios dice que escucharon la propuesta de Bolaños y que han brindado seguridad los domingos por las tardes mientras juegan. Son aproximadamente 40 jóvenes y niños del cantón que ahora salen a la cancha los domingos para jugar.

—Si queremos cambiar las cosas de aquí, hay que brindar espacios a los jóvenes y niños, espacios como una buena cancha, por eso también hemos solicitado una podadora de césped y uniformes, pero por el momento la alcaldía solo nos ha prometido dos trofeos para el campeón y subcampeón del torneo—dice Bolaños.

Jaime, el pintor del municipio más violento

La segunda historia tiene como protagonista a Jaime Callejas, quien aún no alcanza los 20 años y ya recibió un premio por pintar uno de los murales del casco urbano de San Pedro Perulapán. Jaime comenzó a pintar, según recuerda, desde muy pequeño. Su afición a la pintura, aprendida de forma empírica, lo llevó a perfeccionar su técnica hasta el punto de hacerlo tan bien que la gente comenzó a comprar su arte.

El caso de Jaime, según él mismo comenta, bota la teoría de que los jóvenes en lugares peligrosos, y viviendo solo con la mamá, están condenados a unirse a las pandillas.

—¿Entonces crees que el hecho de vivir en un municipio donde las pandillas tienen mucha acción no significa necesariamente que los jóvenes vayan a ser parte de esas pandillas?

—No, lo que yo creo es que a algunos jóvenes lo que les afecta es la ociosidad, quizá porque no tienen trabajo o porque no estudian, y entonces se dedican a la delincuencia y a relacionarse con las pandillas.

—¿Qué propones para cambiar esta situación?

—El Gobierno debería tener una ley contra la ociosidad, así como cuentan que antes el General Maximiliano Martínez puso esa ley y a cualquiera que andaba en la calle lo ponían a trabajar o cosas así.

Lo que hace falta para la juventud de San Pedro Perulapán, dice Jaime, son oportunidades de trabajo y estudio. Más que eso, Jaime cree que el Gobierno debe ir más allá y obligar a los jóvenes a trabajar y estudiar.

—¿Qué pasaría si tienen esa oportunidad de la que hablas? ¿Cambiaría algo?

—Es que cuando uno ve que le dan $5 por hacer un banquito de madera, por ejemplo, va a querer hacer varios en el día y vender, entonces eso falta acá, oportunidades. Yo he vendido mis pinturas y eso me ha motivado a seguir.

jaime

Las oportunidades de las que habla Jaime se las ha creado él mismo. Según cuenta, cuando comenzó a invertir muchas horas pintando paisajes y personas en cuadros, comenzaron a hacerse populares entre sus vecinos que, incluso, compraron algunos de esos cuadros.

Su talento nato lo llevó a participar en un certamen nacional que fue convocado por la Procuraduría de los Derechos Humanos (PDDHH) sobre los riesgos de la migración indocumentada. Uno de los premios fue ganado por Jaime el 5 de noviembre.

—Este premio a uno lo motiva, y además es un ejemplo de que en San Pedro Perulapán no solo hay homicidios, no solo hay violencia, también hay arte, hay jóvenes que tenemos algo diferente y que necesitamos apoyo— concluye Jaime.

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Jaime recibiendo su premio de parte del Procurador de los Derechos Humanos, David Morales. Foto/Cortesía

Bolaños, el organizador del torneo en el cantón Tecoluco Abajo, y Jaime, el pintor en el casco urbano, coinciden en que los jóvenes del municipio no se unirían a las pandillas si el Gobierno, organizaciones no gubernamentales y otros les ofrecieran más oportunidades.

*Texto escrito con reportes de Ezequiel Barrera, periodista de La Prensa Gráfica, quien en su búsqueda por intentar entender y explicar, en un reportaje que será publicado en los próximos días por ese medio, lo que sucede en el municipio también encontró que no todo es violencia y muerte.

cc

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