Por Tania Primavera

Entraron a la dimensión verde. Pudieron rotar el tiempo y llegar a un lugar sin tiempo. Para llegar es un lugar feliz. Existirá siempre que regresemos. Juntemos la piedras en el cuento que no queremos contar.  Son en forma de corazón. Son tres y hay una señal, ojos, hierros con letras de S, en las esquinas pero piensa en otra cosa, mil vueltas a la cabeza, para nada. Nada.

Es momento de escuchar Mozart. Es tiempo de ir a ver si cayeron mangos en su casa del trópico. Hay muchos ahí. Las raíces del árbol son  silla. La hojarasca llena de ellos. Los pájaros acuden como casa. Pensaba en el trébol de cuatro hojas que vio. No hay todos los días un trébol de cuatro hojas.

Buscaba alejarse lo más que pudiera del centro del mal pero era inevitable. Daba cuenta que solo la luz de su Ser le quedaba. Que siempre era eso. Ella y eso, el Ser. No había mas que confirmar. Buscar. Sí, había pensado ir a la cripta. Había pensado caminar por la calle frente al parque Balboa, llegar a la Puerta del Diablo. Había pensado ir a visitar a los niños escultores de Panchimalco. Había pensado atravesar el mundo y estar en la casa museo Ernst Fuchs.

Durmió mucho la noche anterior. Se levantó, tomó la toalla gris hacia la pila, lugar predilecto para el baño. Los jabones que le dio Pau, los shampoos sofisticados para el pelo castaño, era largo, y las trenzas hacían corona. Andaba con el cotón hindú que le dio Tzununja. Ese escogió para vestir. Caminó, caminó, caminó, la gente le observaba, sentía el sol el el rostro.

En la calle, las canasteras de pan de siempre, los Testigos de Jehová predicando, hasta habla con uno pero siempre dándole otros temas como las pinturas de la exposición La Última Cena cancelada a último momento. Abre el libro de turno, es el tiempo de leer pero se pasa ese tiempo. Los ojos son maquillados, cuando sale la lágrima prefiere el pestañol con waterproof. Hay días que salen por todo, por cualquier cosa o todo es mas sensible.

Al fin sirvieron los vegetales al vapor, la crepa de espinaca con mozzarella, el postre. Lo imaginaba, entre un rey mago témpano entre la belleza del hielo, del blanco, del frío. Hacia frío, hacia algo de viento. Pero estaban en ese lugar sin tiempo. Los caudales eran de hielo. La música era como el viento. Sus ojos soles. Ya no se sabía si era un sueño. Era un sueño casi. Decías que iríamos con tus ojos soles. Que recorreríamos las casas y cementerios. La mansión blanca con pilares, lejana y cercana. Sin pensar. Para que sea fresco el pensamiento. Solo escuchando espontáneo. En silencio. Son palabras mensajes cápsula del tiempo con valor.

Actuando por mi.  Perdiendo la cuenta. Imaginándome el broche de Mimí, con un ave ojos lapislázuli con plumas turquesas, oro y diamantes  y tus ojos sorprendidos. El pin  ave, ahora en manos de alguien, vendido en una casa de subastas lejana.  Un día con los jazmines de alfombra  te contaré  todo.


tania

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