Foto: Misael Arias


 

Por Tania Primavera / taniaprimavera777@gmail.com

 

Ha escuchado a Rimbaud en los versos de un joven poeta. Ha escuchado historias horas y horas, la poesía es presencia. Hablaron de los poetas malditos. Para despojarse. Que venga lo nuevo. Lo pide al universo. De nuevo. Tiene un secreto. Le mostró sus tesoros al Rey. Le mostró la caja antigua. Sus libros. Su estudio. Sus pinturas. La cueva que habita Vera. Da gracias. Gracias. Gracias.

No corta más las flores. Llegan a ella. Su herencia. Ha venido. Ha sonreído. Ha Imaginado. Las piedras que encuentra son corazones. En el walk-in closet, a veces da vueltas y toma decisiones. Hay muchas lunas y gotas en sus pupilas. Ahora, prefiere callar. Y escuchar. Otras historias. Su energía sube, son los colores. Ama el negro. El blanco. El azul. Ella es azul.

La ciudad de San Salvador se torna diferente. Las uñas se han despintado desde la noche de insomnio. Vuelve a pintarlas color rosa. La televisión ni la enciende. Con miles de noticiarios matinales, hace tiempo evita verlos. Mira sus manos y sus líneas. Ha caminado para ver esto. Traspasó fronteras en la literatura y transcribió poemas publicados hace 45 años, descubriendo y desviando sus emociones a esas letras que dicen:

“Yo amanezco con ganas de vida y trato de sacudirme las explicaciones. Acéptome a mí mismo, acepto. Ceso de preguntar y obtener respuestas. Veo el mundo desde su punto infinito. Mi límite de vida se quiebra al no saber lunes, enero, dos de la tarde, ayer, mañana. Salgo riéndome del tiempo, abandono la burla y gozo únicamente…” *

No se ha enfocado. Evade. Lo sabe. Ha escuchado mucho jazz y escuchado historias que no conocía. Hablaron horas. Un venado apareció. Para olvidar un poco la suya. Llama. No la escucha. Llama. Pero hay millas. Hay montañas. Hay ríos. Hay selvas. Hay desiertos. Hay ciudades. Pero no ve la distancia. Es imaginaria. Busca en la música. Busca en la tarde un ocaso parecido.

Desde su colchón ve hacia la ventana, las últimas lluvias, es ya octubre. Los pájaros alegres sacuden sus alas en las ramas del árbol de mango. Llenó una botella de vino con gotas azules. Se convirtieron las lágrimas en vino. El vino que contiene un néctar, la verdad dentro, el silencio. El vino guardado que hace recordar, en el silencio, en el olvido, la memoria tiene espacio. Quiere decirle todo. Ya no ve las fotos. Tiende el petate al medio día. Llora de nuevo. Logra ver los archivos y hacer fotos desde el suelo. Imagina un vestuario. Hasta imagina una botas Fendi color acua, para no llegar a la razón. Sin razón. No razona.

En el corazón de la ciudad, camina por la acera de Itsmania. Esta prohibido, pero entra. Se vuelve invisible. Quiere saber pero nadie quiere hablar de esa casa. La casa en ruinas. Derrumbada. La casa sin paredes. La casa donde los árboles crecieron entre los muros. Y caminan dentro unas cabras. Los guardias están cerca. Una ciudad donde no encuentra al Mago. Camina en ella. Camina y camina. Vuelvo al walk-in closet de nuevo. Ventanas traslúcidas, que adorna con sus piedras corazones, con su piedra especial. De un desierto del Sur. Tiene conexiones con ellas. En un momento, mejor toma una en especial, es fría, y la besa. Siempre va con ella. Se repitió “soy abundante”.

 

 

 

 *(Del poema de Ricardo Humano “25 Poetas jóvenes de El Salvador”, Selección y prólogo: José Luís Valle. 1971)

 

 

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