Editorial*

Era un domingo de diciembre de 2016. El sol era descomunal y los graderíos del Estadio Cuscatlán, el principal “templo” del fútbol en El Salvador se llenaba a cuentagotas de hombres en su mayoría, con un vaso de cerveza en la mano, lentes oscuros y camisas alusivas al equipo más popular de este país centroamericano. Todos a la espera de presenciar el doceavo campeonato de su equipo que perdió con estadio lleno ante un pequeño equipo vecino.

Pero quizás ese no sea el centro de este texto, sino la admiración que causa observar a más de 25 mil salvadoreños aguantando sol, hambre, sed y baños inadecuados por cinco horas y encima de ello pagar precios desde ocho dólares por la pasión que los mueve ver a 22 hombres tras un balón de fútbol en un juego que solo dura 90 minutos.

Pero ¿Cuántos de todos ellos sabían sobre las afectaciones de la no aprobación del Presupuesto General de la Nación 2017? O ¿Sabían que debido a la crisis fiscal que atraviesa el Estado, no todos tienen garantizado el subsidio al gas y al transporte público? Quizás no todos lo sabían.

Quizás no todos sabían que el exdirector del Instituto Salvadoreño del Seguro Social (ISSS) robó $812,742 durante su gestión entre 2011 y 2014 por lo que fue condenado por enriquecimiento ilícito.

Muchos decidieron no enterarse de las irregularidades por las que dos expresidentes de la República enfrentan procesos en su contra acusados de llenar sus bolsillos del dinero del pueblo que también estaba en ese estadio gritando. ¿A caso defender a la patria no debe despertar la misma pasión que un juego de fútbol?

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Si los salvadoreños supiéramos tanto de política como de fútbol, probablemente le gritaríamos a El Salvador “Cómo no te voy a querer si te llevo dentro de mi corazón”; o a lo mejor esa frase de “salvadoreño de corazón” no es tan cierta.

Si supiéramos tanto de política como de fútbol, llenaríamos estadios, calles, manifestaciones y plazas para exigir a los líderes del país que hagan mejor su trabajo, exigiríamos paz, transparencia, honestidad, priorización de los más necesitados y un sistema justo para todas y todos.

Si tan solo supiéramos tanto de política como de fútbol, cada domingo fielmente hiciéramos un balance semanal del trabajo de los diputados, el presidente y los jueces de este país que se aprovechan que mientras estamos viendo fútbol, ellos simplemente engordaron a costa de los bienes públicos derivando en un devenir de corrupción y violencia estructural.

Tristemente solo sabemos el promedio de goles de Messi o el último tiro libre de Cristiano Ronaldo pero desconocemos quién es el diputado de la Asamblea Legislativa que tiene más de 30 empleados trabajando para él; o la aprobación unánime de todos los partidos políticos al seguro hospitalario privado; desconocemos que el nieto del presidente iba en una camioneta que atropelló a un ciudadano y lo mató, y que hasta la fecha no se sabe nada del proceso. Lastimosamente no conocemos los oscuros negocios políticos electoreros a costa de la justicia social.

Amemos al fútbol, pero volvamos a ver al menos por un segundo cómo nuestros empleados, los empleados públicos electos de forma democrática por el poder del pueblo y quienes viven del pueblo, trabajan y ejecutan sus labores; fiscalicemos sus cuentas, contémosles las costillas al Estado, señalemos y reclamemos ante la corrupción y aplaudamos los logros en función de la justicia social.

Salvadoreños todos, por favor en este 2017 gritemos Patria nuestra ¡Cómo no te voy a querer si te llevo dentro de mi corazón!

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