
El Gobierno de Nayib Bukele se ha caracterizado por mantener una narrativa oficial y una imagen de El Salvador que no siempre corresponde a la realidad del país. Para crear esa narrativa recurre a publicidad y a lanzar planes que no existen o que aún están en construcción. En ese afán, por sostener la narrativa, difunde desinformación y confunde. La breve historia de la marca Lácteos de El Salvador ilustra, una vez más, cómo opera el gobierno.
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Editado por Ezequiel Barrera | Noviembre 10, 2025
La marca Lácteos El Salvador, presentada oficialmente por el Gobierno de Nayib Bukele el 28 de febrero de 2025, duró apenas seis meses en los anaqueles de Súper Selectos, el supermercado que la comercializó en exclusiva. Fracasó a pesar de contar con un estante propio en las salas de venta y con la maquinaria mediática y publicitaria del Estado como respaldo. El producto simplemente no se vendió y por eso la marca fue sacada de circulación en julio de este mismo año, en un silencio total que contrasta con el ruido y publicidad que hubo en el lanzamiento.
Lácteos de El Salvador fue la marca con la que el Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG) montó una narrativa publicitaria en la que aseguraba estar trabajando en un plan integral para el rescate de la ganadería salvadoreña.
Esa narrativa publicitaria aseguraba que el MAG estaba incentivando la producción de la leche grado A —que es mucho más nutritiva y libre de bacterias— a través del mejoramiento genético de los animales y el apoyo a los ganaderos salvadoreños. Asimismo, prometía que con la comercialización se conectaría a los productores con las plantas industriales, quienes comprarían la leche a “un precio justo”.
Sonaba, en efecto, como un plan integral impulsado por el gobierno. Y lo habría sido, si hubiera existido.
El hecho, sin embargo, es que Lácteos de El Salvador no fue más que una campaña publicitaria. Detrás de esa puesta en escena, el gobierno desinformó e intentó convencer a la población de que estaba ejecutando un plan integral, pero en el fondo solo era el simple cambio de etiqueta en los envases con productos lácteos.
Fuentes, que trabajan en las empresas que procesaron la leche y sus derivados para la marca Lácteos de El Salvador, aseguraron a esta revista que los productos no fueron elaborados en plantas financiadas o respaldadas por el Gobierno de El Salvador, sino que provenían de su producción ordinaria. En la práctica, las empresas separaron una parte de su producción y le colocaron la marca y las etiquetas que el gobierno indicó.
La desinformación que el MAG promovió, con la mentira de que la marca Lácteos de El Salvador era parte de un plan integral, provocó confusiones y fue tan eficaz que, incluso, medios de comunicación, que no están alineados a los intereses del bukelismo, cayeron en el engaño. Un periódico tradicional, por ejemplo, publicó que el gobierno adeudaba tres meses a ganaderos que proveían de leche a la marca. El medio también infirió que la desaparición repentina de los productos lácteos de la marca se debía a esa deuda. Pero esto no es preciso ni lo que ocurrió realmente.
Para aportar claridad a la situación, días después de la publicación del periódico, la Asociación Salvadoreña de Ganaderos e Industriales de la Leche (Asileche) difundió un comunicado en el que afirmó que el gobierno no tenía tal deuda, pues no había participado en la producción. Fuentes del sector ganadero y una directora regional de Lactolac, una de las empresas que maquiló los productos, confirmaron a esta revista lo que decía el comunicado. La aclaración de Asileche, sin embargo, no explicaba por qué el producto fue sacado de circulación de la cadena de supermercados.
Para tener una versión directa de lo sucedido, GatoEncerrado contactó a la directora ejecutiva de Asileche, Lorena Heredia, y también a su presidenta, Vilma de Calderón. Pero ninguna accedió a una entrevista. Asimismo, esta revista intentó comunicarse, durante varias semanas, con Carlos Calleja, presidente ejecutivo de Grupo Calleja (además de excandidato a la presidencia de El Salvador en 2019, cuando Nayib Bukele ganó las elecciones), y también con el equipo de Comunicaciones de Súper Selectos, para que explicaran por qué la marca fue retirada de sus estantes. Pero, no aceptaron la solicitud de entrevista.
Aunque Asileche aclaró que el gobierno no mantiene deudas relacionadas con la marca Lácteos de El Salvador, ganaderos consultados por GatoEncerrado aseguraron que sí existe una deuda gubernamental, pero que esta pertenece al programa Vaso de Leche, que se arrastra desde hace más de un año y que nada tiene que ver con la marca de lácteos.
En el trasfondo, esta es una historia de cómo el Gobierno de Bukele desinforma a la población, tal y como suele hacerlo desde que asumió el poder por primera vez en 2019, con el objetivo de mantener una narrativa oficial y una imagen de El Salvador que no siempre corresponde a la realidad. GatoEncerrado ya ha documentado, por ejemplo, que el gobierno hace lanzamientos de planes y hasta asegura que ya está dando resultados, pero en realidad esos planes ni siquiera existen. En este caso, tergiversó información. Bajo su eslogan de que “lo público debe ser mejor que lo privado” se atribuyó las actividades de entes privados para fingir que contaba con un plan integral.
El MAG recurrió a sus redes sociales y a las de su encargado de despacho, Óscar Domínguez, para hacer el lanzamiento oficial de la marca Lácteos de El Salvador —en realidad, para difundir información engañosa— durante el Encuentro Nacional del Sector Lácteo (ENLAC 2025). El evento, organizado el pasado 27 de febrero por Asileche, la asociación que aglutina a las empresas involucradas en este supuesto “plan integral”, sirvió como vitrina para presentar lo que, en esencia, ahora se sabe que consistió en que las compañías vendieran sus mismos productos, pero bajo las etiquetas de la marca impulsada por el gobierno.
“¿Cómo fue el camino para llegar a Lácteos de El Salvador? Sabíamos que la clave era fortalecer a los pequeños y medianos ganaderos para incrementar la producción de leche a través del mejoramiento genético, por eso, desde el 2023 nuestras brigadas de veterinarios permanecen en campo inseminando con razas de alta genética e idóneas para cada ganadería”, escribió Domínguez en su perfil de X, el mismo día del evento ENLAC.
Esto fue el inicio de la mentira y desinformación.
El contexto de esta mentira inicia en julio de 2023, cuando el MAG y el viceministro Domínguez publicaron en sus redes sociales imágenes y videos referentes a un programa al que denominaron Mejoramiento Genético Ganadero (MEGA). Consistía, según esas publicaciones, en campañas de inseminación artificial y trasplantes de embriones de razas de reses “más eficientes” en la producción de leche y sus derivados. Los productos para los ganaderos provenían desde países como Estados Unidos, México y Brasil.
El propietario de una hacienda en San Juan Opico, que aparece en uno de los videos del MAG, confirmó a esta revista que ha sido uno de los beneficiarios del trasplante de embriones. En la pieza, comenta que el MAG está brindando un apoyo en el mejoramiento genético. Sin embargo, en conversación con GatoEncerrrado, aclaró que nunca se trató de una iniciativa gubernamental, sino de una privada, de emprendedores salvadoreños que buscaban impulsar su propio negocio de mejoramiento genético. Sobre todo, de médicos veterinarios. El MAG apoyó, según recuerda, dándole entrada a los productos a ferias ganaderas y brindando algunos vehículos. Además, el apoyo pudo verse en los permisos que concedió para traer semen y embriones desde diferentes países.
El ganadero explicó que recibió una donación de más de una docena de embriones de parte de uno de los veterinarios, quien estaba haciendo este tipo de operaciones para demostrar la factibilidad del proceso. Al ganadero se le criaron 10 de estos animales.
Los mismos todavía no eran capaces de dar leche en agosto de 2025, según lo comentó a esta revista, en una entrevista que ocurrió en ese mes. Esto contradice al viceministro Domínguez, quien manifestó que, para febrero de este mismo año, los animales genéticamente mejorados ya estaban surtiendo la leche grado A que se utilizaba para los productos de la marca Lácteos de El Salvador.
El veterinario Jorge Arévalo —especialista inseminación artificial y quien atiende algunas de las haciendas más grandes de la zona occidental del país— explicó que, cuando una vaca es inseminada o se le transfieren embriones y el procedimiento tiene éxito, el periodo de gestación es parecido al de un humano: alrededor de unos 283 días, es decir, poco más de nueve meses. A eso se suma el tiempo que tarda la novilla en alcanzar su madurez reproductiva, que oscila entre un año y un año y medio. Lo ideal para garantizar un rendimiento óptimo —como el exigido para producir leche grado A— es esperar hasta después de los dos años. Solo después del parto, otros nueve meses más tarde, la res estará en condiciones de producir leche con la calidad esperada.
Incluso si el gobierno lanzó su supuesto plan de mejora genética en julio de 2023, es sencillamente imposible que para febrero de 2025 se tuviera leche con la calidad grado A, pues tan solo habían transcurrido 16 meses. Las cuentas no cuadran en la narrativa que manejó el MAG y su viceministro Domínguez. La desinformación queda al descubierto tan solo con tomar en cuenta lo que explican los veterinarios sobre los tiempos necesarios para el proceso.
“Para mejorar la calidad de la leche son como mínimo unos tres años, pues solo puede producirla cuando ya está en su edad adulta y tras el parto”, reiteró el veterinario Arévalo.
En la entrevista con el ganadero de San Juan Opico, esta revista le mostró el tuit del viceministro Domínguez en el que asegura que la leche usada en febrero de 2025 provenía de animales que fueron inseminados o a los que se les transfirieron embriones en julio de 2023. Al leerlo se sorprendió por el tamaño de esa mentira.
“No entiendo por qué ellos tiran esa publicidad en vez de hablar de las cosas que sí han hecho bien, como dar los permisos para que se dé la importación de semen o embriones”, dijo.
El viceministro Domínguez también afirmó: “Después de todo esto (el mejoramiento genético), buscamos asegurar la comercialización y así es como nace en este 2025, Lácteos de El Salvador. A esta gran apuesta que nos permite incentivar la producción nacional, se suma el sector privado y las plantas lácteas con trayectoria y todos sus permisos vigentes, quienes están procesando leche 100 % salvadoreña, logrando como resultado los productos de la marca Lácteos de El Salvador”.
El funcionario aseguró, en esencia, que todos esos productos embotellados bajo la marca Lácteos El Salvador eran el resultado del programa de mejoramiento genético y plan integral. Además, insinuó que el sector privado se sumó para procesar la leche y comercializarla. Pero eso no es cierto.
Un miembro de la Asociación de Productores de Leche de El Salvador (Proleche), quien también es parte de una de las empresas que maquilaron productos para la marca gubernamental y, por lo tanto, estuvo enterado de todo el proceso de Lácteos El Salvador, explicó a GatoEncerrado que a finales de 2024, las autoridades del MAG buscaron a las seis empresas industriales más grandes del país para que escogieran de una lista de productos aquellos que podrían maquilar bajo la marca Lácteos de El Salvador.
Para ellos, eso no fue un proceso extraño, pues ya lo han realizado en el pasado para su principal cliente Súper Selectos, que cuenta con una marca propia: Dany, que es la misma leche y los mismos quesos producidos por las empresas, pero se comercializan con una viñeta distinta.
Esta es la analogía más precisa que este representante gremial encontró para explicar qué fue Lácteos de El Salvador: Un Dany, pero bajo una marca publicitada por el Gobierno de El Salvador.
En ese sentido, no cambió en nada la cadena productiva de la compañía a la que pertenecen: siguieron recogiendo la leche desde los mismos ganaderos y las llevaron a las mismas plantas donde las colocaron en los mismos envases. No es que se sumaron a un programa gubernamental, como lo planteó el viceministro, sino que el gobierno les pidió una porción de su producción ordinaria.
“Lo único que cambia es la viñeta”, dijo.
Para la compañía, la producción para la marca impulsada por el gobierno era marginal, sobre todo por sus ventas. El miembro de Proleche comentó a esta revista que la empresa de la que es parte vende cerca de $1 millón al mes, pero que el producto etiquetado como Lácteos de El Salvador apenas logró vender $2,000.
Ese es el principal motivo por el que, desde el gobierno, se optó por descontinuar la marca. En una reunión en junio, desde el MAG les comunicaron esa decisión.
A pesar de tener un estante propio en Súper Selectos —un privilegio que ninguna marca obtiene gratis— los productos de la marca no se vendieron. En este punto, el representante de Proleche dijo que conviene entender cómo funciona el negocio en los supermercados. Ellos, o al menos en el Súper Selectos, no solo compran el producto a las proveedoras, sino también alquilan los espacios para que estos sean exhibidos.
Conseguir un lugar visible y exclusivo en un estante implica un desembolso. Sin embargo, el empresario sostiene que su compañía no pagó por ese estante y dice desconocer quién absorbió ese costo. La hipótesis más plausible es que el propio supermercado haya decidido asumirlo como un gesto comercial con la marca que el gobierno estaba impulsando.
De acuerdo con el empresario, Súper Selectos paga sus facturas en 45 días. Puede pagarlas antes, pero, para eso, pide un descuento del 3 %. Esto es porque la empresa busca garantizar su inversión. Si un producto no se vende, tienen que buscar alternativas, como la de bajar los precios mediante una promoción, una bajada en los ingresos que se reflejará en el pago total de la factura a su proveedor.
Si el producto no se vende para nada, Súper Selectos decide dejar de comprarlo. Esa fue la lógica ocurrida con Lácteos de El Salvador: las leches, quesos, cremas, yogures y demás derivados comenzaron a rematarse a finales de julio.
Según el empresario y líder gremial, el supermercado nunca se atrasa con sus pagos, por lo que las empresas industriales que participaron en la maquilación de la marca no tuvieron problemas en ese sentido. Además, para cada una no se trató de un volumen importante de productos, por lo que no habría dañado sus finanzas.
Sin embargo, apunta, sí pudo afectar los márgenes de algunas empresas que no cuentan con alcance nacional, como la sonsonateca La Isla, por lo que debieron hacer uso de una de dos opciones: ir a dejar el producto a un centro logístico cercano de Súper Selectos o gastar más en transporte.
Entonces, si ni el gobierno participó en Lácteos de El Salvador con recursos y tampoco el supermercado se atrasó en sus pagos, ¿por qué hubo ganaderos que le dijeron a medios de comunicación que se les adeudaba meses de pago por la leche?
El empresario apunta a que se pudiera tratar de plantas que, aprovechando la confusión y desinformación generada por el gobierno, decidieron mentirle a los ganaderos y decirles que es desde las instituciones públicas que no han recibido los pagos por los productos.
El motivo detrás de la desinformación difundida por el MAG, para fingir que existe un “plan integral” para respaldar una marca comercial, no está claro. El Gobierno de Bukele se ha caracterizado, desde 2019, por ser opaco, esconder la información que debería ser pública y huir a las preguntas del periodismo para que transparente sus medidas y decisiones. El hecho es que la marca Lácteos de El Salvador, impulsada por el gobierno con una narrativa engañosa, desapareció. Esa marca nunca fue una opción más barata que los demás productos comercializados bajos las propias marcas de las empresas y tampoco reportaba ninguna ganancia para las arcas públicas o para algún contratista ajeno a esa compañías. Entonces, ¿cuál era el objetivo?
El representante de Proleche tiene una hipótesis. Durante el Gobierno de Salvador Sánchez Cerén (2014 – 2019), se construyeron e inauguraron varias plantas lecheras con la promesa de procesar la producción de pequeños ganaderos y abastecer el programa “Vaso de Leche”, que buscaba garantizar alimentación nutritiva en las escuelas públicas. En la práctica, todo eso fue un fracaso. Las plantas nunca operaron oficialmente porque la leche procesada no alcanzaba los estándares de calidad. Solo una, en Chalatenango (APANC), intentó ponerse en marcha, pero tampoco logró la calidad requerida ni surtió a todas las escuelas.
“Esas plantas están tiradas”, comentó el representante de Proleche.
Piensa que el objetivo del Gobierno con Lácteos de El Salvador era usar los productos de calidad de las compañías ya asentadas para “levantar la marca”. Ya cuando tuviera suficiente prestigio, se comenzarían a vender con esa viñeta las manufacturas de esas plantas, aunque posiblemente la leche utilizada no fuera grado A.
GatoEncerrado telefoneó múltiples veces al departamento de Comunicaciones del Ministerio de Agricultura y Ganadería, así como al viceministro y encargado de Despacho, para que pudieran responder las múltiples preguntas generadas por este reportaje. Sin embargo, como ya es característico en la administración Bukele, no hubo respuesta.
Para el economista Rafael Lemus, Lácteos de El Salvador es uno de los proyectos más misteriosos de este gobierno, sobre todo porque no está claro quiénes son sus beneficiarios.
“La aventura de vender se emprende para ganar algo”, señaló Lemus, a quien no le convence la idea de que son las mismas empresas quienes se quedan con los márgenes de las ventas. Piensa que dichas ganancias debieron llegar a los bolsillos de alguien. Pero, bajo un gobierno que le huye a la transparencia y encima desinforma, no se puede tener certezas.
Lo cierto es que las empresas participantes también asumían un riesgo, pues, si la marca era exitosa, le quitaría participación de mercado a sus artículos originales.
También era un riesgo de que algún desliz en la nueva marca repercutiera en su prestigio. ¿Cuál era el objetivo de Lácteos de El Salvador? Al economista tampoco le cierra que se tratara solamente de un “engaña bobos”.
“Era un proyecto sumamente confuso y opaco. No es extraño que haya fracasado”, sostuvo Lemus.
El de la ganadería es uno de los sectores económicos con mayor declive en El Salvador. El 2023, último año para el que hay datos disponibles, fue el de peor producción en todo el siglo, según el Anuario de Estadísticas Agropecuarias 2023-2024 del MAG.
Ese año, por ejemplo, se produjeron solo 341,273 litros de leche. Desde que hay registros, nunca se había descendido a menos de 350,000 litros. Y el quinquenio que va entre 2019 y 2023 fue el de peor producción, con 1.9 millones.
Esta es una cifra 22 % inferior a la del 2014-2018, cuando la producción de leche superó los 2.3 millones de litros. Y más lejana a la del 2009-2013, con 2.4 millones.
Para el economista Rafael Lemus, es imprescindible que este sector cuente con más apoyo. Y podría haberlo tenido con los esfuerzos que, desde el 2023, el Gobierno de Bukele fingió con el plan integral de la mejora genética. Apunta que no es algo nuevo en El Salvador, pues algo parecido se hizo desde los gobiernos de Arena, en los años 90. Entonces, también trajeron sementales de especies de más calidad para inseminar a las vacas. O hubo importación de semen para inseminación artificial. Asimismo, bajo la administración de Antonio Cabrales (1989 – 1994, fallecido en 2023), como ministro de Agricultura y Ganadería, aterrizaron en El Salvador expertos desde Estados Unidos para asesorar en la mejora de las prácticas.
“Lo que quiero decir es que no se trata de un esfuerzo para el que se necesite tanta tecnología, que no contemos con ella. Ya en el pasado se hicieron esfuerzos serios, que significaron auténticas revoluciones en la producción lechera”, comentó Lemus.
En efecto, en la primera mitad de los 2000, la producción comenzó a acelerarse, hasta alcanzar un pico en 2009, con 541,614 litros de leche, casi un 60 % más que lo registrado en 2023.
El ganadero de San Juan Opico, consultado para esta nota, dijo que a pesar de la desinformación gubernamental y la mentira en algo que lo involucra, reconoce que el Gobierno de Bukele ha hecho un buen trabajo al apoyar iniciativas privadas. Dice que la verdadera amenaza al sector en El Salvador es la importación de leche fluida o en polvo desde el extranjero, que deja mayores márgenes.
Lo cierto es que en El Salvador cada vez se importa más leche. Según los datos del Banco Central de Reserva (BCR), en 2021 se compraron en el extranjero $11.5 millones. Para 2024, esa cifra rozaba los $18 millones, un 56 % de incremento.
“Para apoyar la ganadería, usted no necesita crear una marca que venga a competir con el mercado que ya está consolidado. Usted necesita tener un plan. Desgraciadamente, Lácteos de El Salvador es un ejemplo que desde el Estado prefieren llenar el panorama de sombras que ponerse a trabajar de verdad”, comentó Lemus.